Nubarrones nos advirtieron. ¡Estabas cerca!
No lo vimos o no quisimos verlo.
Expulsaste con rabia tu aliento helado.
No sentimos el frio o no quisimos sentirlo.
¡Perforabas la piel con tus dagas de acero!
Contagiando con odio el mundo entero.
¡Heriste los ojos con tus puñales de hielo!
Derrotando a tus enemigos con el miedo.
La alegría de todos los que te siguieron.
Creyéndose dueños de su destino.
¡En llanto y dolor se convirtieron!
Abrumados por haberse arrepentido.
Las lágrimas del cielo señalan tu llegada.
No lo vimos o no quisimos verlo.
La tormenta arremetió con fuerza.
No sentimos la furia o no quisimos sentirla.
¡Inundabas las calles con tus olas!
Dividiendo el mundo entero.
¡Agua y sangre convergieron!
Ahogando a tus enemigos con su miedo.
El destello de tu espada nos recuerda quién eres.
Ahora si lo vimos, aunque no queríamos verlo.
Clavaste tu arma en nuestras almas.
Ahora si lo sentimos, aunque no queríamos sentirlo.
Tus olas borran las huellas en la arena.
El tiempo se detuvo. ¡Es demasiado tarde!
Dos opciones con el mismo final.
Morir de pie, haciendo frente a la adversidad.
Buscar escapar de los truenos y relámpagos.
O esperar la muerte como esclavo,
en medio de la tempestad.
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