Abrió la puerta de la habitación donde se encontraba su sobrino dormido, sonriendo con cierta malicia, una qué suele estar presente en aquellos carentes de moral. Con un plan repulsivo en mente, uno que solo puede surgir en la cabeza de esos que viven con el único afán de causar dolor, esos que no les importa herir a los más indefensos a cambio de satisfacer los placeres más abominables de su pútrida alma.
Colocó el seguro a la puerta con extrema curia, aunque era consciente de que los padres del pequeño no despertarían luego de esos tragos adulterados.
Caminó hasta donde dormía el pequeño con pies silenciosos como un depredador que acecha su presa. Rosó ligeramente la melena del infante y olio su cabello, con una respiración un tanto agitada por el lívido que le causaba lo fortuito del asunto; al mismo tiempo que su corazón bombeaba desenfrenado inundando sus venas de adrenalina. Ansioso por lo que en su mente ya ocurría y que moría por volver una realidad.
No obstante, algo interrumpió sus planes. Justo en el instante en que se disponía a quitar la sabana del pequeño.
De la nada unas garras se cerraron alrededor de ambas piernas. Derribándolo. Tirándolo hacia debajo de la cama con una fuerza bestial que le hacía sentir como si fuese un simple muñeco de trapo, sin darle tiempo a nada.
El sonido resulto alarmante, aunque no para el pequeño, puesto que el niño parecía tener un sueño muy pesado y profundo como para siquiera notarlo. O tal vez ¿Habra sido algo más?
Bajo la cama, el tío, miraba con terror, catatónico, un par de bolas de color ámbar mirarle fijamente. Un terror que aumento cuando su atención se centró en aquella hilera de dientes largos y relucientes que sobresalían aun dentro de esas penumbras.
Era como estar en un lugar diferente, no parecía la parte inferior de una cama, era un mundo totalmente nuevo y más similar a estar en una especie de caverna.
Aquella cosa le miro con una expresión espeluznante, alumbrándolo con esos ojos que parecían un par de faros, y con una voz que se podría fácilmente describir como demoniaca. Una voz que parecía resonar en su cabeza y a traves de su ser.
Esa cosa dijo.
— Solo hay lugar para un monstruo en esta familia — dijo con una voz infernal con una boca tan amplia como su cabeza que se abría cada vez más y más.
Los gritos y el sonido de esa bestia parecían quedarse y perderse entre ese mundo alterno que yacía bajo la cama de su sobrino.
La familia sin saber nada, reporto la desaparición de dicho familiar a la mañana siguiente.
Los policías solo dijeron que no podían garantizarles nada, ya que las desapariciones no era algo exclusivo de la ciudad.
Pues al parecer, en el mundo un fenómeno mundial acontecía, con millones de desaparecidos cada día.