Turbio amor.

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Al entrar a la oficina de Octavio, Rudolf encontró a su jefe sentado sobre la mesa y con algunas fotos en un antiguo rollo y fumando su típico cigarro.

Pero esta vez, se veía molesto e intrigado, como si llevara días sin poder conciliar el sueño y aunque al entrar en la oficina, Octavio percibió el olor de un perfume conocido, era mayor la preocupación que tenía, que simplemente olvido el asunto.
Rudolf, un empleado que tenía poco tiempo trabajando con él en su compañía, se había convertido en pocas semanas, su mejor confidente, llegando a convertirse en su más confiable trabajador.

—Ey amigo. Tenía rato esperándote, ven toma asiento, tengo algo que decirte me preocupa y quisiera que me ayudaras—.

Era la primera vez que Octavio era tan amable con él, pese a que éste fuera quién hiciera los trabajos de más peso y sucios.

—Si jefe, ¿en qué puedo ayudarle? –.

—Seguros conoces a mi esposa Valentina. He tenido unas sospechas desde hace algunas semanas, se ha estado arreglando más de lo normal, siempre usa su perfume favorito cuando sale de casa y está haciendo esas cosas que hacen las mujeres cuando están enamoradas. Tengo la impresión de que me está siendo infiel Rudolf, y por Dios que, si es así, le va a pasar lo mismo que a los que me han traicionado —.

Sus colegas de la empresa habían desaparecido sospechosamente sin dejar ningún rastro, pero de lo que sí se sabía, es que cuando eran hallados, solo podían reconocerse por las prendas de vestir que tenían ese día.

Algunos que se habían atrevido a desafiar sus criterios, o que habían tomado la decisión de traicionarlo, habrían sufrido las consecuencias letales del poder.

Muchos dudaban y pensaban que Octavio era el responsable de la muerte de estos, aun así, nadie podía vincularlo directa o indirectamente con estos, era como si alguien le hiciera el favor de acabar con sus adversarios.

—¿Está seguro que quiere hacer eso jefe? Obviamente no lo estoy contradiciendo, pero, su esposa conoce algunos movimientos suyos. Si algo sale mal, directamente irán hacia usted. Y las ultimas veces que hemos estado deshaciéndonos de algunos, han estado a punto de atraparnos—.

Pensativo se quedó Octavio, mientras aún veía las fotos de su matrimonio, cuando bailaba con su esposa. Si algo era verdad, es que su corazón aún estaba cautivado por ella, una que era hermosa, más para él, pero la infidelidad y la deslealtad tenía un precio muy caro, que debía pagarse al más alto costo y algo que no permitiría, y mucho menos a la mujer que le había dedicado casi toda su vida.

—Si lo sé. Es mejor que piense las cosas detenidamente, quizás el estrés del trabajo me esté haciendo sentir cansado. Quizás solo se está arreglando para mí, y yo creyendo que me engaña. Mañana por la mañana ven, de todos modos, intentaré averiguar algo más.

De todos modos, tengo algunas fotos en este sobre de ella, solo sé cuidadoso, me gustaría que pudieras averiguar algo. Si sabes de algo no dudes en llamarme, habrá una gran recompensa en caso de que puedas dar con algunos detalles, y unos que te agradecería —.

Al salir de la oficina, el intenso olor del cigarro de impregno en toda la ropa de Rudolf, quién solo tomó el sobre y lo colocó en su libreta.

De todos modos, ese día no lo abriría. Una cita en solo 30 minutos que una hermosa mujer, no era más importante que ese hecho.

El restaurant Gallear Giuseppe sería el lugar del encuentro, reconocido como el mejor lugar para pasar la noche.

En el restaurant se encontraba Mónica. Su cabello negro y lacio, sus ojos color café, y una figura esbelta, captaba la atención de todos en el lugar, pero aún más de la Rudolf, quién al verla a distancia, sus pupilas se dilataban al sabe que esa noche sería espectacular.

—Hola mi amor — Dijo Mónica.

Un beso suave y sentido hizo que el tiempo de los amantes se detuvieran por breves instantes, incluso las personas a su alrededor miraban a ambos, sintiendo envidia incluso.

—Hola mi amada, que gusto tengo de verte, hoy estás muy preciosa, como nunca—

Seguido de esto, un ramo de rosas rosadas, las que le gustaban a ella, iba acompañada de una música suave que pausaba los latidos de sus corazones y hacían que ambos disfrutarán del tiempo.

Aún así, el olor a cigarro en la ropa de Rudolf causo intriga interna a Mónica.

El olor fuerte de un cigarrillo preparado esencias aromáticas y un toque más de nicotina, le recordaron el olor que tenía su esposo al llegar a casa, y que fumaba en sus días de estrés.

Se distrajo un poco al recordar los días que había vivido junto a él, y que tenían parecido a los que estaba viviendo ahora con Rudolf.

–¿Te pasa algo mi amor? –
—No, solo estoy feliz de que estemos juntos hoy, estoy feliz de que podamos estar acá. —

—Sí, para mí es grato que pueda estar con una chica tan hermosa como tú durante esta noche. ¿Qué tal si pedimos un vino, y luego pedimos algo de comer? Me gustaría saber que es lo que quieres decirme, y que llevas semanas intentando decir –

La noche estuvo fantástica, la luz tenue en el lugar y el aroma a exquisito que se extendía por todo el sitio, hacía que ambos se desearan a más no poder.

Aun así, la vida personal de ambos no era tan sincera como se proponía en el momento, era más oscura de lo que se aparentaba, pero no lo suficiente como para impedir que ambos estuvieran.

—Hay algo que quiero decirte Rudolf. Y lamento que no te lo haya podido expresar la primera vez que nos vimos. Solo sé que, al verte, te adueñaste completamente de mi corazón, y eso nublo por instantes eso que quise decirte ese día —

Estaba un poco intrigado, más, los ojos de Mónica lo hipnotizaban completamente, escuchando atentamente sus palabras, mirando fijamente sus labios, deseando poder besarlos.

—Si… sí. Dime lo que quieras, yo acepto a lo que desees, excepto a alejarme de ti. — Replicó Rudolf.

Por Ismael Rodriguez.

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