“A veces la tormenta no llega para destruirte, sino para limpiar tu camino.”
Cuando todo parece oscuro, recuerda que la luz de Dios no se apaga, solo espera que levantes la mirada.
Cada prueba te prepara para una bendición mayor.
No temas al viento ni al fuego: son parte del proceso que te hace más fuerte.
Confía, porque incluso en medio del caos, Dios sigue obrando en silencio.