Hace días que una sombra me visita, me acecha desde las esquinas, huyendo de mi vista; pero sé que está allí.
No tengo dudas de que se trata de la muerte y aunque no tengo pruebas, no las necesito. La verdad, no tengo miedo.
Sé que está esperando que haga las paces con la vida, conmigo misma; pero no es fácil abrazar mis pecados y perdonarme.
He llegado a pensar que es así el juicio final, que soy yo mi juez , mi jurado y mi verdugo; al final solo yo ecutaré mi sentencia. Creo que es esta la forma más cruel de justicia, pero también la más justa.
Desde que supe que moriría he repetido en mi cabeza mil veces cada uno de los pasos en mi vida. Me he preguntando muchas veces: " ¿por qué? "; primero me mentí dandome excusas. - ¡Ja!- Que ingenua fui; sobre mentiras no se puede sembrar paz.
Creo que ya he pagado por cada cosa. Nada puedo cambiar y sinceramente nada cambiaría; todo, tuvo una razón de ser.
Hoy me sentaré a decirle a La Parca que estoy lista, pero que me avise si me queda tiempo, porque me he dado cuenta de que me pesan más los pecados que no cometí y creo que aún podría estar a tiempo de corregir eso.