Prender alarmas

irvinc(77)
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Muchas veces me he preguntado, cuánto tiempo de mi vida habré perdido en preocupaciones. Deben ser cientos de días. Porque si hay algo que me ha costado es librarme de ese estado inútil de estar anticipando eventos, es como si fuese una especie de vicio que te atrapa y del que es muy difícil salir.

No tenía previsto escribir esta nota, pero ayer leyendo las noticias se me vino el mundo al piso. Me entero que el petróleo perdió todo su valor, que se llegó al extremo de regalarlo para no colapsar los sistemas de almacenamiento. Todavía no logro digerir esa situación.

He vivido toda mi vida en un país petrolero, durante mi infancia me llenaba de orgullo al leer en los libros de geografía que mi país, Venezuela, era el primer productor de petróleo del mundo. Pocos países eran poseedores del “Oro Negro”, entre ellos nosotros. De algún modo éramos especiales, nos había tocado la suerte de ser bendecidos por la Providencia. Con esa narrativa de ser poseedores de una inmensa riqueza, se han criado la mayoría de los venezolanos.

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Por eso al enterarme que aquella maravilla de la creación había perdido todo su valor, entré en shock. Una lluvia de imágenes apocalípticas se me vinieron encima. Me sentí abatido, perdido, desesperado, desbordado completamente por la preocupación.

Pero esa sensación duró poco. A lo largo del tiempo y a costa de mucho esfuerzo he logrado identificar cuando se desencadenan esas crisis de angustia. He logrado anticipar su efecto devastador. Así que después del primer sacudón, que por supuesto me dejó exhausto, me centré, comencé a respirar lentamente y volví a mi realidad. Las alarmas habían funcionado, se dispararon a tiempo.

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Es difícil no dejarse sorprender por las preocupaciones, sobre todo porque al parecer es un comportamiento que hunden sus raíces hasta el fondo de nuestra infancia, es una costumbre muy ejercitada y, como todo comportamiento que se repite muchas veces, llega a hacerse natural.

Analizando el asunto en frío uno se da cuenta que preocuparse es algo completamente inútil, sobre todo porque los eventos anticipados pertenecen a un tiempo que no existe, el del futuro. Un territorio donde la única ley válida es la incertidumbre. Sin embargo, se reincide una y otra vez en las preocupaciones, porque estás están ancladas en creencias muy firmes, difíciles de cambiar.

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Por eso es importante revisar con cuidado nuestras creencias. Allí están las claves para lidiar con la preocupación. Las creencias pueden ser cambiadas, con mucho esfuerzo, sí, pero se puede. No nacieron con nosotros, se adquirieron a lo largo del tiempo y así como llegaron se pueden ir. Es cuestión de reconocerlas, entenderlas y dedicar el tiempo para adquirir otras menos dañinas.

No les puedo ofrecer ninguna fórmula para cambiar sus creencias, ese es un trabajo personal que cada quien encara de acuerdo a sus convicciones. Pero mientras ese cambio ocurre podemos ejercitar estar más pendientes, prestar más atención a las señales que nos alerten de la inminente llegada de una crisis de angustia. Es posible diseñar nuestro sistema de alarmas, lo importante es que se disparen a tiempo y estemos mejor preparados para no dejarnos arrastrar a ese futuro inexistente, donde lo único que conseguimos es estar peor. Suerte con eso.

Gracias por su tiempo.

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Todos tus comentarios son bienvenidos en este sitio. Los leeré con gusto y dedicación.

Hasta una próxima entrega. Gracias.

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Las fotos, la edición digital y los Gifs son de mi autoría.





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