Luego de mes y medio de aislamiento el final de la cuarentena luce lejano en Venezuela.
Para la mayoría de la gente esa situación los coloca en una encrucijada: acatar las medidas de confinamiento impuestas desde el ejecutivo o arriesgarse a estar en la calle para procurarse algún sustento.
El gobierno venezolano no ve en el corto plazo condiciones para levantar la medida de confinamiento, así lo han dejado saber diferentes voceros gubernamentales. Sin embargo, la población tiene otra perspectiva.
La presencia del COVID19 ha perdido importancia en relación a la cantidad de problemas que confrontan el grueso de la población. Ante una galopante inflación que no da tregua, una severa crisis de los servicios más elementales como luz, agua, gas doméstico y, gasolina para la movilización vehicular, el virus luce como un mal lejano e improbable.
Es por eso que con el correr de los días, más y más personas atestan las calles y se van relajando las medidas de protección. La población se ve empujada a estar presente en grandes concentraciones de personas, es el único modo de acceder a bienes indispensables para el sustento diario. En esas condiciones el confinamiento comienza a parecer un aguaje, un teatro más.
¿ Cómo encontrarle sentido a guardar medidas de protección si hay que exponerse irremediablemente al utilizar unidades de transportes públicos repletos de usuarios o cuando tienen que asistir a mercados donde se concentran miles de personas?
A diferencia de otros países en los que se han instrumentado mecanismos logísticos para la distribución de bienes y servicios, acá ha predominado el sálvese quien pueda y el vea cómo se resuelve.
La realidad es que la necesidad le ha ido restando fuerza al encierro obligatorio.
De seguir las mismas condiciones es inevitable el aumento del número de personas en las calles, no es un asunto de querer o no, de falta de solidaridad, conciencia ciudadana o de ser más o menos responsable, nada que ver con eso. Sencillamente es la única opción. O sales a buscarte la vida fuera o te mueres de hambre y necesidad adentro. La cuarentena se va levantando de modo espontáneo para poder mantenerse con vida.
Es probable que como suele suceder aquí, se mantenga una situación dual. Por un lado un confinamiento obligatorio para algunos sectores como el educativo, la banca y cierta parte del comercio formal. Por el otro, una población tratando de sobrevivir al día a día mediante la recuperación de algunas actividades que han quedado en suspenso. Ya en muchos sitios comienzan a aparecer los vendedores informales.
En Venezuela la situación de la pandemia ha tenido un comportamiento muy extraño. Es verdad que al principio la población asumió con mucha dedicación el compromiso del encierro, lo que debió limitar la expansión del virus. Sin embargo, hoy ya no es así, se hace más vida en la calle. No obstante ese cambio el número de contagios se ha mantenido estable, algo completamente atípico.
Un aislamiento masivo de la población es insostenible a largo plazo. Ojalá el virus siga siendo benévolo con nosotros.
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Las fotos, la edición digital y los Gifs son de mi autoría.