"Siembra un pensamiento , cosecha una acción
Siembre una acción, cosecha un hábito
Siembra un hábito, cosecha un carácter
Siembra un carácter, cosecha un destino"
Kwai-Koo-Tsu
Karate-do, significa el camino de las manos vacías, y es que sencillamente no se necesita nada material o palpable en nuestras manos para poder librar una batalla, todo está en nuestra mente, cuerpo y alma, así fue que entendí que el Karate-Do, más que un deporte, es un estilo de vida, uno que amo, y que me proporciona a mi los más hermosos sentimientos.
Muchas personas lo confunden por el hecho de ser un arte marcial: ¡Uy, es karateca, debe de pegar bien fuerte! Mitos que a menudo se escuchan de esta displina cuando la realidad es otra. El karate va más allá de dar fuertes golpes, o dar una paliza a un oponente.
Comencé en este deporte cuando tenía 5 años de edad, un bebé, que sus padres querían ver triunfar y acabar con cualquiera, mi Papá es militar y por ende la disciplina en mi hogar era muy estricta, tenía que practicar un deporte rudo desde pequeño, así que decidieron inscribirme en "Karate-Do" porque a ellos les parecía que "era lo mejor para defenderme en la calle y no dejarme de nadie" -.- realmente no sabían lo que decían (risas) . Comencé a asistir a mis clases y fui un alumno muy destacado sobre todo en los Kata, Kata significa forma, y es una especie de combate individual, donde se muestran los movimientos, posiciones y diversas técnicas.
Fui creciendo en tamaño y edad, y a su vez en grados y niveles de esta disciplina, hasta ser tomado en cuenta por la selección de mi estado para representarlo en competencias nacionales. Yo era súper miedoso en todos los sentidos me gustaba y hacía excelente los Kata, pero los Kumite (combate), era mi debilidad y no porque no tenía la capacidad, si no por lo miedoso que era. Siempre pasaba que ganaba la primera ronda, y me tocaba esperar al ganador de la siguiente para ir avanzando hasta así llegar a los tres primeros lugares del podium, pero cuando veía a un niño más grande que yo en tamaño, todo se me debilitaba y perdía intencionalmente para no tener que llegar a enfrentarme a esos "grandulones", ¡Eran de mi misma edad, de mi mismo nivel de instrucción!, ya que todas las competencias son por categoría, pero por mi mente pasaba que me iban a partir la cara, una pierna, un abrazo .. etc. El máximo galardón que llegue a obtener en esta etapa fue de bronce.
Mis padres se molestaban cada vez que veía que perdía a propósito, sin embargo ya yo me estaba cansando de esta disciplina ya le comencé a agarrar cierto rencor en vez de amor. Mi Sensei (maestro) , siempre nos decía que si sabía de alguna pelea de nosotros en la calle por ekis razón, a menos que no fuera justificable y en defensa propia, quedaríamos fuera del equipo y también expulsados de la escuela de Karate, ya que nuestra misión de vida no es estar peleando o responder con violencia cuando se puede vitar. Yo tenia problemas con mi vecino (cosas de niñitos) y un día peleamos y nos caímos a piedras Jajaja, nuestro maestro se enteró de lo acontecido y nos expulsó por un año, en ese entonces tenía 12 de edad, ahí perdí el interés de retomarlo, paso el tiempo y no tuve nada que ver con este deporte, me aleje totalmente.
Aquí ya no estaba el niñito miedoso, era un Ignacio renovado, resurgió un nuevo karateca dispuesto a enfrentar todos sus miedos del pasado y no traerlos al presente. Comencé desde cero cinturón blanco, nivel de principiante como que si nunca hubiese estado en Karate así lo decidí yo, bastaron tres semanas exactas para que mis senseis Madelyn Tirado y Jesús Carreño, me propusieran asistir a la primera competencia regional para representar al do-jo, según ellos había avanzado en una capacidad impresionante que estaba ya listo para competir. Esta regional era en una semana necesitaban prepararme tan sólo en tres días de entrenamiento, y no fueron tres, terminaron siendo cinco días, ya que llegaron hasta venir a mi casa y yo ir hasta la de ellos para prepararme completamente para para salir vencedor, competencia de la cual logre victoria, ¡MEDALLAS DE ORO!, había ganado en Kumite y Kata. Me sentía extremadamente feliz, fui avanzando de forma notoria en mis grados, sobrepasando los límites, incluso ellos llegaron a sorprenderse porque en un año Normalmente se hace un solo cambio de cinta o en su defecto cada dos años, yo subí de nivel tres veces en un año. Las pruebas para avanzar de nivel consistían en conocimiento general del Karate, historia, fundadores, palabras es japonés, números, aparte de Kata y Kumite. La verdad me sentía poderoso, mis miedos no estaban en ningún lugar los había dejado totalmente en el pasado, la satisfacción personal era impresionante, cumplí mi objetivo. Participé en otras competencias donde también obtuve el título de campeón absoluto en mi categoría.
Campeón en la categoría Adulta +18 años blanco-amarillo
Este deporte le genera a mi vida una paz increíble, me llena de una energía positiva indestructible, al pisar el Tatami (piso) de la escuela, todos mis problemas se iban, no tenía tiempo para pensar en otra cosa que vencer, que ganar, que lograr mis objetivos, era una especie de terapia que hace que drene todo lo negativo. Una capacidad de concentración, tú mente trabaja más, ya que la fuerza física no es lo más importante, es la fuerza mental la que te permite fortalecer y llegar a vencer. El objetivo del camino de las manos vacías es la lucha versus uno mismo, superando dificultades, mejorando como persona, obteniendo autodisciplina y educación, te hace humilde y seguro, y por supuesto, aprender a defenderse sin llegar a la violencia, evitando en todo momento confrontaciones.