El pardo - Relato (7)

iaberius(63)
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OCD
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No debía de faltar mucho para la hora nona cuando llegaron a la casilla. Por allí la niebla se volvía más densa, así que no la divisó hasta que estuvieron a una veintena de pasos. Era una pequeña choza ribereña, un edificio de tapial blanqueado con una techumbre muy baja de cañas de carrizo entrelazadas. Desde allí solo se veían un par de pequeños ventanucos, unos agujeros practicados en el muro de menos de un codo de ancho. La entrada daba al mediodía, la parte opuesta al río, y quedaba resguardada por un pequeño altozano. El lado de poniente lo protegían unos cuantos chopos que se alejaban en una larga hilera. Había una huerta bastante patética por donde ellos llegaban. No se veían animales. Pero sí que advirtió dos varas que sobrepasaban, con mucho, el muro del cierzo.

María apresuró su trote y se adelantó. Primero asomó la cabeza dentro de la casa; luego corrió a la parte trasera y llamó. No contestó nadie.

-Si padre no ha regresado todavía, ya no vuelve hasta bien entrada la noche. ¡Eh! ¿Adónde vas?

Nuño rodeaba la casilla a grandes zancadas para acercarse al río. No podía ver muy a lo lejos pero, cuando avanzó unas diez o doce varas, su rostro se iluminó. ¡Sí! Sobre el pasto de la orilla había un par de barcas estrechas de fondo plano, sin quilla.

-Estas son nuestras barcas. Esa de ahí hay que arreglarla. La otra está bien. Como mi padre se ha ido a por cangrejos se ha llevado la más grande. Bueno, vamos a la casa, que voy a encender el fuego. Me está dando frío.

El hombre siguió a la niña. Cuando pasaban por la pared lateral del chamizo algo le llamó la atención. Había allí un lagarto reseco colgado de un clavo. María se detuvo a su lado.

-¿Sabías que los lagartos tienen una vergüenza amarilla?

Nuño la miró, perplejo, mientras ella seguía hacia la entrada. Era una niña verdaderamente extraña.

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Autor: Javier G. Alcaraván (iaberius@iaberius)

La imagen está tomada de una acuarela original de Juan Gallego (arcoiris@arcoiris), que me ha dado permiso para publicarla acompañando al relato. Es una casilla típica de los pescadores que faenaban en los tablazos que abindaban, antaño, en el alto Guadiana.

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