Desaparición en el Club Goodwind-Capítulo II

Words
2123
Reading
10 min
Listen
Play
6y

Goodwind.jpg

Canva


El dectective Mario Hernández llamó a Josef Ochoa alrededor de las 12:00 AM del 13 de enero. cuando Josef constestó, la voz ronca de Mario le contó que había sido asignado para acompañarlo en la investigación sobre la desaparición de Michelle Sosa unos minutos antes.

Ambos, más que compañeros, eran buenos amigos. Desde que Josef ingresó al DFI ellos habían trabajado juntos en varios casos, y su labor era excepcionalmente eficiente. Mario tenía más edad y gozaba de mayor conocimiento, pero el extraordinario sentido de intuición que poseía Josef lo ponía a la par de Mario en sus habilidades como detective.

La desaparición de Michelle Sosa les recordaba a su primer caso juntos, y lo que había ocurrido entonces había marcado profundamente la vida de ambos. Cuando trabajas como detective es inevitable ser perseguido por tormentosos enigmas cuando un caso no es resuelto. La gran diferencia era que en esta ocasión tenían esperanzas de encontrar a la desaparecida con vida.

Mario y Josef acordaron continuar con la investigación la mañana siguiente, dispuestos a resolver el caso tan pronto como fuera necesario para resguardar la vida de Michelle. Josef había adelantado algo del trabajo al asistir al club Goodwind, pero todavía carecía de algún dato relevante para su investigación. Él necesitaban saber qué ocurrió esa noche, en especial lo que había Michelle antes de desaparecer.

A las 8:34 de la mañana Josef y Mario arribaron a la casa de Sabrina Meza, a solo dos calles del club Goodwind. Era ella la testigo más directa de las acciones de Michelle durante la noche de su desaparición y durante buena parte de su vida diaria. Edith Meza, la madre de Sabrina, recibió a los detectives y les invitó a entrar y tomar asiento.

Edith Llevaba un vestido de color rosado, una faja abrazando fuertemente su cintura y un gorro aprisionando su cabello. Mientras guiaba al los detectives hasta su sofá de cuero sintético, Edith Llamó a Sabrina y le pidió que también tomara asiento frente a los detectives, luego partió hacia la cocina con la intención de preparar café y buscar galletas en su despensa.

Sabrina poseía una piel aterciopelada, naturalmente pálida como la de su madre, pero la suya estaba tostada hasta tomar el color de las hojas de un libro viejo. Tenía el rostro redondeado y pómulos suaves como almohadones de plumas que daban descanso a algunos rizados mechones de sus cabellos dorados. Vio a los detectives sentarse frente a ella e intentó inútilmente disimular su nerviosismo.

Evidentemente, Sabrina nunca se había visto envuelta en una situación tan delicada, pero lo que más le afectaba en ese momento era el sentimiento de culpa que se acrecentaba en su conciencia. Ella amaba a Michelle como a una hermana, era la única persona en quien confiaba plenamente y a quien entendía tan bien como si compartieran sus pensamientos. Para Sabrina la ausencia de Michelle era cada vez un mayor tormento.

Sabrina clavaba sus uñas en sus muslos y miraba hacia el suelo como si analizara algo importante. Pensaba en Michelle y su personalidad extrovertida, y casi pudo escucharla por un momento susurandole:《marica, estamos jodidas》...

—Es un gusto conocerte —dijo Josef— ¿Supongo que ya sabes por qué estamos aquí.

—Lo sé —respondió Sabrina observándolo brevemente para luego devolver su atención al suelo.

— Esa noche ustedes estuvieron juntas en el Club Goodwind ¿es correcto?

— Sí.

—Cuéntame, ¿a qué hora viste a Michelle por última vez?

—Creo que iban a ser las nueve de la noche. Estabamos sentadas alrededor de la piscina. Todo era muy normal, yo tomaba un mojito y Michelle tomaba una cerveza. Luego de un rato me dijo que iría al baño, se levantó de la mesa y se alejó. Tras esperarla un largo rato me di cuenta de que debía volver a du casa, se le hacía tarde. El tiempo pasó y como no la veía decidí buscarla, pero no la encontré en ningún lado. Fue como si se desvaneciera.

—¿Crees que Michelle decidió irse sin avisarte?

—No, no lo creo. Ella no haría eso. Me había dicho que no se sentía del todo bien y que no sabía como regresar sin que su madre se diera cuenta de que escapó. Ella pensaba que ir fue una mala idea, así que creí que se había arrepentido y se fue a su casa, pero no lo entendía. Ella realmente no se comporta así.

—¿Habían otras personas acompañándolas?

—Sí, estaban Javier, Lucas y su hermano Jorge. Jorge es el DJ del club.

—¿Conoces bien a estos sujetos?

—Pues Javier y Lucas estudian con nosotras. A Jorge solo lo conocimos en el cumpleaños de Lucas en hace unos cuatro meses. Sé que Michelle hablaba mucho con él, pero yo no lo trataba tanto, aunque habíamos salido juntos últimamente.

—¿Sabes qué edades tienen ellos?

—Javier tiene 16 y Lucas cumplió 17 el año pasado, Jorge debe tener más de veinte años.

—¿Si hablara con estos chicos podrían confirmar tu historia?

— Seguramente. Javier estaba muy preocupado por Michelle anoche.

Uno de los detalles que se escapaban entre el relato de Sabrina es que Javier estaba totalmente enamorado de Michelle, pero nunca había tenido el valor para confesarlo. Javier era el mejor amigo de Lucas, ambos jugaban juntos en el equipo de fútbol de su liceo. Javi, como le decían, era el portero suplente. Esa era una posición muy poco favorable comparada con la de Lucas, quien había ascendido ya como el delantero nueve titular del equipo.

Michelle tenía una buena apreciación de Javi, él le parecía alguien noble, y habia ganado muy bien esa imagen. Trataba a las chicas con gran respeto y atenciones excepcionales, haciendo que ambas lo consideraran un buen amigo. Sabrina sabía sobre el amor inconfeso de Javi, pero lo guardó en secreto, esperando que fuera él quien tomara la iniciativa de revelar tan profundo sentimiento.

La señora Edith regresó a la sala con el cabello suelto, sirvió café a los detectives mientras ellos todavia conversaban con Sabrina. Ella se sentó a escucharlos y cruzó las piernas. Josef hizo una mueca al notar que la mujer no llevaba puesto un brasier y parecía sentirse cómoda con eso, y Mario más tarde señalaría que en realidad solo estaba cubierta por la delgada tela de su vestido.

Mario y Josef terminaron su cuestionario y se levantaron. Al salir por la puerta, Edith se acercó a ellos y los despidió con un par de delicados besos bien decorados por el dulce aroma de su perfume. Los detectives estuvieron a punto de abordar sus vehículos cuando Sabrina los detuvo. Josef se acercó a ella.

—Tal vez esto los ayude a encontrarla —dijo Sabrina al tomar la mano de Josef y entregarle su teléfono— Por favor, quiero ver a esa boba otra vez.

Las lágrimas lucharon para no caer de los ojos de Sabrina mientras los detectives la veían alejarse. Josef tomó el teléfono y se lo entregó a Mario.

—Esto tal vez facilite mucho —dijo Mario.

—Tengo el presentimiento de que ella sabe bien lo que encontraremos ahí —dijo Josef certeramente—, encargate de eso.

Michelle había pedido prestado el telefono a Sabrina el 10 de enero antes de ingresar al club Goodwind, dejando por su confianza y un sigular descuido acceso libre a su cuenta de Facebook. Sabrina tenía sospechas sobre el paradero de Michelle y lo que ocurrió la noche de su desaparición, pero se sentía paranoica, creyendo que su teoría era demasiado descabellada como para ser cierta, pero si los detectives conocían la historia y coincidían en su visión, entonces tal vez lo que Sabrina pensaba podía ser cierto.

A las 9:56 AM Los detectives se retiraron del lugar con cientos de preguntas sin resolver y solo tres certezas: Sabrina contó la verdad, pero no dijo todo lo que sabía; los chicos que estuvieron con ellas eran testigos cruciales para el caso, y la señora Edith había estado sutilmente coqueteando con ellos. Eso introdujo en los pensamientos de ambos la idea de que ella estaba ocultando algo, y que pronto deberían regresar allí para averiguarlo.

Mario tomó el telefono de Sabrina y lo llevó a su auto. Josef lo vio alejarse mientras encendía un cigarrillo.

A las 2:34 de la tarde Josef recibió una llamada de Luis Guerrero. Le contó que ya tenía las fotografías que necesitaba para avanzar en el caso y Josef se dirigió de inmediato al club Goodwind. Cuando Josef llegó al lugar Luis lo recibió con menos afecto que la noche anterior, pero lo abrazó estrechamente antes de entregarle una memoria USB con los datos recolectados de la red. Josef decidió acordar con Mario dividir sus tareas. Mario buscaría en las redes de Michelle.

Antes de salir del club Goodwind Josef se tomó un momento para observar detalladamente el lugar: la entrada del club guiaba directamente a una pared que formaba un corredor hacia ambos lados; pero solo tenía salida hacia la derecha, allí se accedía a la primera sección del club, el área de la piscina, que estaba inhabilitada en aquel momento debido a varias remodelaciones. Habían nueve mesas con sombrillas del color del zafiro con seis mesas cada una al costado de la piscina y un tobogán que descendía desde una plataforma de hormigón.

Al seguir avanzando por el borde de la piscina llegabas a una pista de baile extensa bajo un techo que se sostenia sobre una armazón de acero. La pista era coronada por la caseta del DJ, rodeada por bocinas que podían estremecer tu pecho a cincuenta metros de distancia. Las paredes del club se alzaban a casi cuatro metros de altura. En el lado izquierdo del club se encontraba el despacho de Luis bajo una terraza techada que se extendía por todo el muro lateral y detrás de la piscina estaban los baños, que solo cubrían una parte del muro trasero.

Algunas ramas secas sobrepasaban el alto muro que había en el fondo del club. Josef se sintió curioso y buscó una silla para pararse sobre ella. Josef descubrió lo que había detrás del muro, pero su visión seguía siendo limitada. Debía rodear toda la cuadra para asegurarse de que lo que veía era tan peculiar como lo asumía.

Josef decidió salir y abordar su camioneta. Le ordenó que avanzara hasta la calle siguiente y se detuviera justo frente a la casa que quedaba detrás del club. Luego de que la camioneta diera marcha, Josef tomó la memoria que Luis le había entregado y la conectó a la computadora de la camioneta.

Josef contaba con un programa de detección facial que en el departamento de inteligencia apodaban como La Chismosa. Josef había guardado una copia del mismo antes de renunciar al cuerpo. El sistema reconocía y recordaba rostros con una efectividad incluso superior a la humana. Era un programa útil para encontrar a cualquier persona en cualquier material visual o audiovisual y crear bases de datos clasificando cada uno.

Josef dejó al programa hacer su trabajo y bajó de la camioneta detrás del club Goodwind. Josef se acercó a la puerta de la entrada, observó la ventana y se percató de la gruesa capa de polvo que las cubría. Desde la casa no se emitía ni un sonido, ni se percibía mayor movimiento que el de las cortinas polvorientas que bailaban al ritmo del viento. No había duda, la casa llevaba meses abandonada. Josef miró hacia ambos lados; nadie estaba visible en la proximidad. Toqueteó su arma para asegurarse de que la tenía en su funda y rodeó la casa por un costado hasta llegar al patio trasero.

Detrás de la casa abandonada Josef se encontró con un terreno extenso lleno de hojas secas y arboles frutales. Un enorme tronco de cotoperí había caído sobre un par de árboles de plátano, haciendo de sus ramas y hojas extensas un colchón ideal para las ramas que el tiempo ya había dejado sin vida. El tope del árbol llegaba muy alto, justo al borde del muro trasero del club goodwind, en el punto exacto donde el techo de los baños podía servir para evitar el largo descenso hasta el suelo desde el borde del muro, quedando en un punto difícilmente visible en el interior del club.

Si alguien quería entrar o salir del club Goodwind sin ser visto, tenía la ruta perfecta para hacerlo. Y tal vez, y solo tal vez, alguien podría planificar un secuestro aprovechandose de ello. El teléfono de Josef vibró en su bolsillo a las 4:22 PM y Josef le ordenó contestar.

—Sabrina definitivamente no dijo todo lo que sabía, pero nos mostró exactamente lo que teníamos que ver —dijo la voz de Mario desde el teléfono.

—¿Qué encontraste?

—No solo tenemos más pistas, Josef, tenemos un sospechoso y una causa probable.

Desaparición en el Club Goodwind-Capítulo II | Ecency