-Pobre- pensé y le dejé presumir de aquello que podía. Habló al rededor de un cuarto de hora sobre "sus logros", pasado el rato me trajeron una cerveza diferente a la que tomaba, luego de probarla miré hacia el vaso y a quien lo sirvió
-Lo lamento descuido de aquel -señaló a otro tras la barra- las otras estan calientes
-Está bien, hoy precisamente las cosas se han hecho propicias para irritarme ¿cuánto es?
-Espera ¿que clase de caballero sería si te dejo pagar?- expresó mi acompañante no deseado
-De hecho igual no serías ninguno, pero a ver si quieres sexo vamos al callejón de la otra calle y hagamoslo ahí
-¿En el callejón? ¿estás segura?, no me conoces y ya te ofreces, deberías tener respeto por ti ...
Se espantó tras mi proposición y me dió todo un discurso de moral que no oí por aburrirme, pagué, me despedí de los tontos tras la barra y me fuí. Crucé la calle y atravecé el callejón lentamente. Cuando llegué a mi hogar, un pequeño lugar desordenado; me senté en la ventana desde donde podía observar todo el camino recorrido, sin darme cuenta deslicé mi mano entre mis piernas y comencé a fantasear, no con quien hablaba hacia un momento sino con alguien más.
Me rendí ante mi propia imaginación y me quedé dormida con los dedos pegajosos.