El titilar- capitulo I (relato corto)

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El titilar.

―Norman es un nombre horrible para un niño― pensaba el chico mientras intentaba bajar su mochila del sauce.

Lo peor de su día no era el incidente con la mochila, siempre solía encontrarse con un idiota que se burlase de su nombre, algunas veces le pegaban, otras veces le robaban algo, pero por lo general no solía ser algo con lo que él no pudiese lidiar. El trago amargo había sido durante la primera hora cuando la señorita Oliva le presento frente a toda la clase, se equivocó un par de veces y hasta el tartamudo de la clase se mofó de él en ese instante.

El que la señorita Oliva no pudiera pronunciar Norman sin haber dicho las palabras normas o normal parecía algo tan irreal, casi tanto como lo que hizo Kenan a la hora del almuerzo, el chico había tomado su bandeja de comida y escupido en ella ― ¿Qué sucede Normie, no te gusta el aderezo de la casa? Acá es muy “Normal” que lo usemos― Norman se puso de pie, tomo la bandeja y la estampo en uno de los mofletes blancos y pecosos de Kenan.

― ¡Me ha tirado un diente, el malnacido me ha tirado un diente!― gritaba Kenan mientras los amigos del matón lo tomaban por los brazos.

Dieciséis segundos es lo que tomaba a la señorita Oliva recorrer desde la entrada de la cafetería a su mesa, en ese instante Kenan le había picado un ojo, dado un cabezazo y golpeado el estómago, mientras que Darwing y Tobias le hacían quemaduras indias en los brazos mientras él intentaba zafarse.

― ¡Quiero hablar con sus padres!― gritaba la mujer rolliza y rubia tras la puerta del rector, claramente era la madre de Kenan, ambos tenían esas asquerosas pecas por todo el rostro, los labios como orugas y la voz tan chillona como la de un perro al que le cortan las cuerdas vocales.

― El niño no tiene padres, está bajo la custodia de su tío y el hombre toca tierra pocos días al año, lo cuida una mujer llamada Miriam y al comunicarnos con ella nos dijo que no podía venir porque atiende un anticuario― La mujer rolliza daba la impresión de ser una granada madura, Norman recordó el día que su tío sembró un árbol de granadas en el patio de una casa en que vivieron solo dos semanas.

Nollan era el único familiar de sangre que tenía Norman, este no era un mal tipo, únicamente no estaba hecho para ser padre y cuando su hermano murió el pobre tenía apenas veintiún años y Norman doscientos noventa días de vida, era un niño criando a un niño.

Cuando la señora gorda salió de la oficina miro desde su escasa altura a Norman quien sentado era casi tan alto como ella ― gentuza, este colegio se ha llenado de gentuza― decía la mujer mientras se alejaba, al instante en el que esta desapareció en el pasillo se posó frente a él un hombre moreno y alto quien le hizo la seña con el dedo de que debía levantarse de la silla y seguirlo.

― Cuando Nollan me dijo que eras un chico con habilidades olvido mencionar que eran para combatir, yo también fui un soldado ejemplar―

― Él se lo busco―

― Le tiraste un premolar a Kenan Mac Duglason, su familia fundo el pueblo, su bisabuelo fundo esta escuela―

― Es un idiota―

― Si, lo es, pero ahora es un idiota al que le falta un premolar― dijo el hombre con el ceño fruncido. ― Nollan es un gran tipo, acepte que vinieras a mitad de curso ...―

― Porque son amigos de la infancia, pasaron momentos difíciles juntos, bla, bla, bla― interrumpió el chico. Su tío Nollan al parecer era un hombre muy popular y lleno de amigos, tantos que no parecía importar a donde se mudaran, en cada pueblo o ciudad siempre había algún conocido o amigo que le debía un favor.

El hombre ignoró la interrupción, para seguir con un sermón de diez minutos mientras recorrían el pasillo que daba al estacionamiento del instituto.
― Y eso son los valores que debes de tener presentes para ser un gran hombre en el futuro, la moral de las fuerzas armadas― culmino el mientras Norman asentía con la mira fija al otro lado del patio.

― Escúchame chico― dijo el hombre mientras lo tomaba de los hombros.

― Tienes un futuro maravilloso delante de ti, no dejes que un par de cretinos dicten tu comportamiento― le dijo mientras mantenía el contacto visual.

― Por cierto, tienes tres días de suspensión, la señorita Oliva se encargará de seleccionar a alguien de tu clase para que recaude tus deberes y te los haga llegar― culmino el rector Johnson.

Norman camino varios metros en el estacionamiento hasta que se percató de que no llevaba consigo su mochila.

Inhalo, lleno los cachetes de aire y dejo escapar un suspiro bastante sonoro, dio media vuelta y echó a andar de regreso al instituto, aún era horario de clases así que estaban todos los alumnos en sus respectivas clases, de regreso al aula donde había tenido el altercado noto que los brazos aún le escocían y tenía algo de dolor en el abdomen.

El aula está totalmente vacía, luego de un par de vistazos la conclusión era obvia, alguien había tomado sus pertenencias, aun así decidió echar un vistazo en su asiento donde inesperadamente le aguardaba una nota.
“Tu morral decidió escalar un poco, quizás lo encuentres en las ramas del sauce de la calle Collins”

Luego de preguntar a un par de personas en la calle logro encontrar la calle Collins y el sauce, el mismo no era muy difícil de confundir, era el único en esa calle. La mochila si fue un poco más difícil de divisar desde el suelo.
Ya había lanzado pedruscos a la mochila, una vara y hasta un zapato que fue a dar al medio de la calle.

―Norman es un nombre horrible para un niño―pensaba el chico mientras se calzaba el zapato en preparación para escalar el sauce.

― ¡Hey, detente! ¿Qué se supone que haces? El sauce no se puede escalar ¿no sabes qué está protegido? ― gritaba una chica desde el otro lado de la calle.

Aunque sus facciones eran caucásicas su tez estaba tostada dando la impresión de ser del color de la canela, sus ojos era verdosos, tenía los labios abultados y en forma de corazón, todo eso enmarcado en unos mechones de cabello negro y ensortijado.

― ¡Lo siento no he visto ningún cartel o aviso! ― respondió Norman.

― Es que no lo hay, es de sentido común, para todos los que vi…― la chica guardo silencio por un momento mientras entrecerraba las esmeraldas que tenía por mirada ― ¿no serás tú el chico bandeja?― pregunto la chica dubitativa.

― ¿Chico bandeja?― respondió Norman.

― ¡Si, si, el que le ha saltado un diente a Kenan Mac Douglason!―respondió la chica con una emoción palpable en la voz.

― Premolar― dijo Norman con una pequeña sonrisa.

― ¿Qué? Da igual que le diste su merecido, me hubiera encantado verlo― dijo la chica entre sonrisas ― Por cierto, si eres enemigo de los Mac Douglason deberías alejarte del sauce, se supone que uno de sus antepasados lo planto y se dice que es tan viejo como la ciudad, el último que lo escala paso la noche en comisaria― dijo la chica mientras asentía.

― Por cierto, mi nombre es Silvana― comento ella mientras extendía la mano.

― Norman― mascullo el chico mientras la estrechaba, ambos quedaron un segundo sin palabras hasta que Norman volvió a la realidad de que aún no había recuperado su mochila ― ¿sabes cómo puedo bajar mi mochila de allí?― pregunto el mientras rascaba la parte posterior de su cabeza.

― Sí, existe una forma, pero necesitamos del Alfred, vive a dos calles ¿crees que puedas ir por él? ― pregunto ella ― vive en una casa lila en la calle Meedle, está muy cerca, toca su puerta y dile que tienes un cero ochocientos sauce, él entenderá― dijo ella antes de que el chico pudiera hablar. En un parpadeo la chica se alejaba sin decir más, Norman no entendía que sucedía así que pensó que lo más lógico sería apegarse al plan de la chica que apenas había conocido, camino hasta el final de la calle Collins y justo antes de doblar una voz familiar lo llamo tras él.

― ¡Norman, espera! Ya no es necesario Alfred― grito la chica que demostraba que correr claramente no era su fuerte.

― Cuando te giraste al cabo de unos segundos recordé que tenía tu tarea y en el camino vi como la mochila se caía de las ramas― le contaba ella casi sin aliento.

― Quizás la brisa lo devolvió ― dijo Norman mientras tomaba el morral, inmediatamente lo reviso y para su desgracia se percató de que los cierres estaban dañados, había arrancado y garabateado algunas cosas en los libros de texto.

― ¡Maldito Kenan, desearía que dejara de respirar el bastardo pecoso!― dijo Norman mientras apretaba el morral.

― ¿Realmente deseas que Kenan Mac Douglason deje de respirar?― pregunto la chica con una sonrisa a medias.

― ¿Por qué no? El cabron es un idiota, seguro no soy el primero que lo piensa― dijo Norman mientras los colores le subían por el cuello.

― Quizás no, pero si eres de los pocos que lo desean― Respondió ella.

― Por cierto soy la elegida para entregarte tu tarea― dijo la chica mientras sacaba un par de hoja de su morral ― matemáticas es para el martes y en geografía puedes anexarte a mi grupo si así lo deseas― comento ella antes de que Norman tomara los papales.

― Supongo que debo agradecerte― dijo él.

― Supones bien Norman, sabes todo estará bien, quizás te parezca un primer día difícil, pero podrás adaptarte, lo sé― dijo Silvana mientras cerraba su morral.

Esa tarde Norman la paso solo en casa, Miriam no llego a cenar y su tío tampoco llamo para conversar sobre su altercado, luego de comer se dio una ducha y posterior se quedó dormido en el sofá de la sala con la TV encendida.
Lo despertó un golpe seco en la puerta de la casa, era el chico repartidor del diario, solía golpear en las puertas para notificar que había realizado su entrega. Aunque Norman no era de leer el diario esa mañana lo hizo por inercia, fue directo a la puerta, la abrió, tomo el periódico enrollado a sus pies el cual ponía en primera plana:

“Muere joven Mac Douglason, su cadáver fue hallado ahorcado en el sauce de la calle Collins, se presume suicidio”

Continuara...

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