Poesía pudorosa y pueril. Estudios estériles que no muestran. Provocaciones injuriosas que conducen un desenfreno en estado fetal, y que sin duda beberán en silencio. Pordioseando lecturas. Viboreando sabores de fagocitos. En el centro hay barrosidades fértiles, sí, pero nadie las moldea. Huelen, se disfrazan de una melaza pestilente. Es un nudo grueso en las manos de ese labrador enano y odiado. Es un mundo de privaciones lujuriosas. Entre las manadas duraderas circula un libelo frágil y tuerto que sólo palpan las culebras. Entre los niños sonríe la cimitarra sedienta. Es usted un vulgar escriba. Sois vosotros artríticos girones de decencia. No comemos eso verde, no. Es para los puercos. Minimizando la discordia del antifaz eunuco se aplacó la cadencia lunar. Cuando la nota se propuso una fuga típica el indispensable no midió las consecuencias. Probemos, Nabuco. Fácil ardid de beodos.