🪵El secreto de los maderos

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Hola querida comunidad, amantes de la fotografía en color y blanco y negro. Hoy les traigo una interesante historia de ficción para acompañar la imagen 😎



Las imágenes fueron tomadas y editadas con mi teléfono 📲 móvil Redmi 12C.



El secreto de los maderos

Cada tarde, cuando el sol comenzaba a pintar el cielo de tonos melocotón y oro viejo, Elena caminaba hasta su rincón favorito en la orilla del río. No llevaba libros ni teléfono; solo se llevaba a sí misma y el peso de los días.

Se sentaba sobre las rocas grises, buscando el abrigo del exuberante arbusto verde que crecía salvaje a su izquierda. Frente a ella, el agua era un espejo sereno que respiraba con una calma contagiosa. Pero lo que realmente captaba su atención, tarde tras tarde, eran aquellos viejos maderos astillados que emergían del agua como dedos oscuros apuntando al cielo.

Para cualquiera, eran solo los restos olvidados de un antiguo muelle. Para Elena, eran un recordatorio.

Aquel día, Elena había tenido una jornada difícil. Se sentía cansada, como si sus propias fuerzas estuvieran tan desgastadas como la madera de aquellos postes. Miró las tablas rotas, reflexionando sobre las tormentas que debieron haber azotado el río para dejarlas así: irregulares, incompletas, solitarias.

Sin embargo, al observar con más detenimiento, notó algo hermoso. A pesar de estar rotos, los maderos seguían firmes. El agua del río fluía suavemente entre ellos, y el atardecer los perfilaba con una luz dorada, convirtiéndolos en una escultura natural. Ya no eran un naufragio; eran un refugio para el musgo, un punto de descanso para las libélulas y un testamento de resistencia.

Elena respiró hondo. El aire olía a tierra húmeda y a las hojas verdes que la cobijaban. De repente, lo entendió.

La vida no siempre es un muelle perfecto y recto. A veces, las tormentas nos dejan astillados, con partes de nosotros rotas o con cicatrices visibles. Pero al igual que esos maderos, podemos seguir en pie. Podemos dejar que la corriente de la vida fluya a nuestro alrededor sin dejarnos arrastrar, y encontrar belleza incluso en nuestras imperfecciones.

Mientras el sol terminaba de ocultarse, tiñendo el agua de reflejos brillantes, Elena sonrió. Ya no se sentía cansada. Se sintió como el río: fluyendo, en paz, y lista para recibir un nuevo amanecer. Se levantó de las rocas, agradeció al paisaje en silencio y emprendió el camino a casa, llevando consigo la fuerza silenciosa de los maderos y la calma del agua.
Espero les guste..🙏


Gonzalo GR

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