Kendall — Capítulo 4 (Historia).

gabyg(47)
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Miami era un tanto caluroso y pacífico.

No era Chicago, pero era un lugar cálido y fácil de acostumbrarse. Podría decir que me estaba llegando a agradar, sin embargo, lo que más quería hacer ahora era terminar de empacar para poder llegar a mi nueva cama y echar una linda siesta. Me dirán floja, pero mudarse a otro estado y cambiando radicalmente tu manera de vivir no es tan fácil, o tal vez si lo era, aunque para mí era un tanto cansado e irritante.

Cuando por fin tenía todo arreglado y digno de mi higiene, decidí que antes de dormir bajaría abajo para tomar un café que necesitaba con urgencias.

Ok, creía tener una adicción con el café, pero eso era lo de menos.

Dejé mi celular en mi cama y fui hasta abajo tropezando con algunas cajas que se encontraban desordenadas en el piso.

—Cariño. ¿Podrías ayudarme a subir eso?—preguntó mi madre desde su alcoba, señalando una caja de color gris que contenía varias de sus prendas.

—Esta bien—dejé de bajar las escaleras y di la vuelta para volver a subir con la caja en manos, que ni era tan pesada.

La coloqué dentro de su habitación, que faltaba mucho por arreglar y antes de irme ella agradeció. Bajé de nuevo las escaleras y comencé a preparar café en la cocina.

Todo era nuevo, la casa, nuestras prendas personales, entre otras cosas.

Mi madre estaba en proceso de divorcio con mi padre, por lo que también eso influyó en cambiarnos de estado. De cierta manera me afectaba el hecho de que mi madre ya no estuviese con mi padre, sin embargo esa era su decisión y no podría cambiarla.

Lo extrañaba, aunque el hecho de que lo vería cada dos semanas me calmaba.

En realidad, extrañaba tener a mi familia unida.

Tomé mi café y salí afuera un momento.

—¡Mamá, ya vengo!—grité antes de salir.

No iría muy lejos, solo quería revisar el área y ver que tal. Por lo que me contó mamá, era uno de los mejores vecindarios de Miami.

Tal vez podría hasta encontrar una biblioteca y llevarme unos nuevos libros a mi habitación. Tomé un poco de mi café y lo saboreé.

Sin duda era el placer más excitante para mí, ¿podría haber otra cosa mejor?

Caminé hasta una cafetería que se veía confiable cerca de aquí. Era bueno comenzar por ese tipo de lugares.

Al llegar, sonó una campanilla que indicaba mi llegada, cosa de la cual a nadie de allí le importó porque estaban pendientes de sus asuntos. Me acerqué a recepción y como ya estaba tomando café, pedí un un pan de orégano, que sin duda era uno de mis favoritos. Cuando me lo entregaron, saqué dinero de mi bolsillo y se lo entregué a la chica de la barra que parecía tener un mal día.

Me dediqué a ver en que lugar podría sentarme, todos los puestos parecían estar llenos y sin duda no conocía a nadie, sin embargo, pude fijarme en una chica que estaba leyendo tranquilamente un libro en la esquina muy alejada de todos. Me pareció interesante e incluso un poco cautivador.

Aunque sería extraño que una total extraña fuera y se sentara al frente tuyo con un café y pan de orégano en sus manos.

No le tomé mucha importancia y me acerqué.

—¿Puedo sentarme?—cuestioné mirándola y esperando su reacción. Esto era total y completamente fuera de mis parámetros como persona normal y corriente.

Pero en realidad no recibí respuesta, ni siquiera una mirada de su parte, solo seguía leyendo sin prestarme atención, o eso era lo que creía.

—¿Disculpa?—insistí.

—Los asientos no son míos para que me preguntes pero, si quieres saber mi opinión al respecto, sería mejor que te alejaras lo más lejos posible de mí. Gracias.—y con eso mis perspectivas de que sería mi posible amiga se fueron al demonio.

¿Qué clase de persona era tan irrespetuosa de esa forma?, ni siquiera me miró cuando me dijo todo aquello.

Por alguna clase de razón insistí en quedarme, por lo que me senté al frente de ella mientras comía mi pan y tomaba mi café.

A ella no le importó esto, en realidad, al parecer ni se dio cuenta de que me senté, por lo que fue fácil mirarla intensamente tratando de inspeccionarla sin que dijese algo.

¿Acaso ella era la chica ruda que alejaba a todo el mundo por problemas personales?

O tal vez simplemente era la chica que amaba leer tanto como yo pero, que odiaba a las personas por su retraso y pensadera de sexo compulsivo.

Su cabello era un poco largo, le llegaba a sus hombros y tenía una camisa blanca con un logo que no pude identificar. Usaba short blancos un tanto cortos y zapatos de botín color gris. Era un buen look, tanto para parecer una simple chica con una vida desconocida y normal.

Seguí comiendo mi pan y el aburrimiento parecía matarme así que, con la pregunta mas estúpida que pude hacer en la vida, inicié una conversación, o algo parecido.

—Entonces... ¿Te gusta el pan?—le pregunté divertida.

Parece que mi ridiculez en ese momento tomó frutos, porque por primera vez en toda la estadía que estuve aquí, ella levantó su mirada y me vió. Creo que la palabra perfecta para expresar lo que sentí en ese momento fue: Inquietud.

Sus ojos eran de un color no muy típico, eran de un esmeralda brillante pero a la vez no, podría hasta haber un poco de azul en los bordes. Era similar al de la galaxia en una maqueta hecha a realidad virtual por el hombre, solo que por alguna razón este era simplemente encantador ante mi vista.

Creo que había quedado embobada y no tenía la menor idea de porque.

—Eso es una pregunta estúpida—respondió mirándome con sus cejas fruncidas. Al parecer no le gusto mi interrupción.

—Solo quería un tema de conversación—acoté y le sonreí. No tenía la más mínima idea de porque, pero sería agradable y divertida para tratar de conocerla.

—Oh, pero te tengo una sorpresa, yo no—y volvió su mirada al libro. Vaya, había perdido un gran avance.

Mordí de nuevo otro pedazo de mi pan y lo saboree junto con mi café, para después tragarlo y fijarme en el libro que leía.

No podía creerlo pero ese era el libro que más me desagradaba en la vida.

"Crepúsculo"

—Que particulares gustos tienes—le dije por el libro. Definitivamente era un libro que no entendía ni entenderé.

—No te pregunté—respondió de mala forma.

—¿Siempre eres así?

—Con personas que impiden mi lectura y todas las que me rodean incluyéndote.

—O sea, en pocas palabras, todos.

—Si. Gracias por entender—se levantó para después irse sin mirarme.

Seguí comiendo mi pan hasta que este se acabara y mi café ya estaba en mi barriga, así que no podía hacer nada, tenía que irme.

Me levanté de la mesa para después salir de allí con la campanilla sonando y alertando mi salida. Caminé unas cuantas cuadras de regreso y al llegar, estaba la puerta abierta. Me preocupé un poco pero me tranquilicé al escuchar la voz de mi madre y extrañamente, otras más en la sala.

Al llegar no pudo haber más grata sorpresa. Reí internamente al ver su cara de orto al verme llegar.

—¡Ah! Kendall, ellos son la familia Adams—dijo mi madre.

—Es un placer. Como dijo mi madre, soy Kendall—sonreí.

—Es un placer, Kendall—dijo aquel hombre—. Soy Josh y ellas son, Kate mi esposa y Jade mi hija mayor. Mis otros hijos están en el cine y por eso no pudieron venir—sonreí a modo de respuesta, pero también porque no había otra forma de ocultar la risa que estaba por salir.

La cara de orto de Jade era magnífico.

Pero ahora sabía algo. La chica de la cafetería tenía nombre y era Jade, Jade Adams. Buena iniciativa.

—Bueno, tenemos que irnos, los esperamos allá Lucía. Fue un placer Kendall—y salió Kate por la puerta. Josh salió después de ella y Jade me miró por última vez con desagrado antes de irse.

—¿Los esperamos allá?... ¿A que se refiere con eso?—le pregunté a mamá cuando escuché la puerta cerrarse. Me senté en el sofá y la miré fijamente. No había otra cosa que hacer.

—Nos invitaron a cenar, eso es todo. Son unos viejos amigos—contestó y se encargó de arreglar unas cuantas cosas en la cocina.

—¿Amigos? Pensé que no tenías en Miami—le dije extrañada.

—Cuando llegamos de México, el mejor lugar garantizado donde hablaban español era Miami, después de que aprendimos inglés, fuimos a California, pero esa es otra historia que ya sabes—relató simple.

—Ah, igual es raro que tu tengas amigos, ya sabes, eres rara—bromeo y ella al parecer no entendió el chiste.

—Yo tuve muchos amigos en la escuela, incluso más que tú—comentó.

—No es posible—reí ante su comentario.

///

Habían pasado las horas y era aquel momento en que debíamos estar listas para la cena en la casa de los Adams.

De cierta forma me gustaba el hecho de que vería a la chica de la cafetería de nuevo. Me parecía interesante y gracioso. Ver la cara de orto de Jade era muy gracioso, al menos para mí. También le diría porque leía ese pésimo libro viendo que hay otros completamente fantásticos y cautivadores.

Me coloqué una camisa blanca por el calor, unos pantalones negros y mis zapatos converse negros que me encantaba pero que odiaba a la vez porque casi todo el mundo los usaba. Estaba lista.

Agarré mi celular y comencé a bajar las escaleras encontrándome con mamá en la puerta esperado mi presencia.

—Era hora—dijo viéndome.

—Lo siento—me disculpé y salimos de la casa en dirección a la de los Adams.

Fue muy divertido para mí saber que vivía a mi lado. Esto cambiaba las cosas a un punto diferente.

Mi madre tocó el timbre y de inmediato un chico lindo abrió la puerta sonriéndole a mi madre.

—Thomy que alegría verte. Que grande estás—le dijo mi madre al chico.

—Si, eso siempre me dice mamá, tal vez el fútbol me esté haciendo bien—comentó divertido.

Era muy agradable y tenía un poco de parecido a la chica de la cafetería, así que imaginé que era su hermano menor o algo así.

—Thomy, ella es mi hija mayor Kendall—me nombró y él me tendió su mano para estrecharla.

—Es un placer—me dijo sonriendo.

—Igual—solté el estrechado para dirigirnos a la cocina.

Allí estaba el señor Josh y Kate, junto a otra chica que no conocía, pero no estaba Jade.

—¡Oh! ya llegaron. Justo acababa de terminar de cocinar—exclamó Kate con alegría—. Kendall ésta es mi otra hija Rosie, y mi hijo ya lo debes de conocer—me dijo.

—Es un placer Rosie—estreché su mano con la mía y me sonrió en forma de respuesta.

Vaya que a estas personas les gustaba sonreír.

Todos nos sentamos en el comedor y no había señales de la chica de la cafetería. Me sentí decepcionada un poco por que no podría divertirme viendo su cara de orto, y preguntarle a sus padres sobre ella sería un tanto incómodo y raro de mí.

Gracias a Dios mi madre estaba allí.

—Kate ¿Y Jade?... ¿No vendrá a comer con nosotros?—preguntó mi madre y la señora cambió su cara a una de irritación.

—No tengo idea... Salió y dijo que no la esperáramos. Esa niña hasta que no le pase algo no nos hará caso—dijo un tanto molesta Kate.

Esto me estímulo de una forma satisfactoria.
¿Que rayos pasa aquí?

—Es la adolescencia Kate. Mantente tranquila, es una buena chica—dijo Josh tratando de consolarla.

—Si Kate, recuerdo que Kendall antes era muy extrovertida e imparable, ahora está más madura y vieja—dijo mi madre riendo.

—¡Hey!—la reprendí. Todos en la mesa rieron. No era gracioso que se rieran de ti y más cuando tu madre echaba el chiste.

—Bueno, comamos, si no la comida se enfriará—dijo Josh sonriente.

Así pasó. Comimos tranquilamente hasta que alguien llegó abriendo la puerta y haciendo ruido fuera de la cocina.

—Ya llegué—gritó la chica de la cafetería desde la sala.

Instintivamente sonreí pero, después de darme cuenta de lo que había hecho y de que era por una chica que había conocido hoy en la tarde, solo borré la sonrisa y bebí mi agua.

—Ya era hora Jade. Ven a comer—dijo su madre.

Después de escuchar varios pasos hasta acá, pude verla, aunque creo que al verme se le fue el hambre.

—No tengo hambre.

—Igual comerás. Si te doy permiso para salir a dónde tu quieras, al momento de llegar a ésta casa sigues mis ordenes y sin reclamos. ¿Okay?—esperó su respuesta.

—Okay—se sentó al frente de mí frustrada. Parecía querer matar con la mirada a su mamá, sin embargo, había otro problema que ahora era su prioridad. Todos habían terminado de comer, ella y yo no.

En realidad, nos dejaron solas en la mesa y todos ellos se fueron a la sala de estar a hablar de sus viejos tiempos.

—No intentes ser formal en frente de mí. Si quieres agarrar el pollo frito con los dedos no hay ningún problema—le dije mientras se quedaba viendo su cena.

—Deja de tratarme como si me conocieras. Agradecería tu silencio—no se fijó en mí.

¿Por qué tenía que ser tan desagradable conmigo? Solo quería ser amable.

—No te conozco, pero trato de intentarlo. Aún así, eres desagradable y mis ganas se van—comenté tomando agua de nuevo.

—Entonces no lo intentes más y listo, todos ganamos—por fin me miró.

—Menos tú, que te quedarás sola por el resto de tu vida con siete gatos de compañía. Deberías cambiar tu forma de tratar a los demás—frunció sus cejas. Creo que eso seria un punto menos de mi parte, la cara de orto parece despreciarme más.

—Si no me aceptan como soy no me importa. ¿Para que quiero personas a mi lado por las que tengo que cambiar para que se queden allí? Prefiero los siete gatos.

—Bueno, pero mírame a mí. No me he apartado a pesar de tus despreciables comentarios y tu mal gusto de libros—sonreí con orgullo.

—Eso es estúpido porque me llevas conociendo solo de hace horas.

—Bueno, entonces déjame pasar más tiempo contigo y así te conoceré.

¿Qué acabo de decir?

—No gracias. Me basta con respirar el mismo aire que tú.

Punto menos para Kendall.

Hey amigos! ¿qué les pareció este nuevo cap? Si les gustó sería genial que me dejaras un voto o un comentario.

Para los que no entienden esta parte de la historia, esto es un recuerdo. Los recuerdos siempre se mostraran con la letra cursiva así: * ejemplo * y la realidad en la historia se hará con la letra normal.

En fin. Espero que tengan una buena vida.

Gaby.

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