Está Dios
en la captura del pez
que degustas otra vez.
En el horno
de tu pastelito de ricota
o tu plato con caraotas
que tu boca agota.
La esperanza del mañana,
esa en la que crees
al derecho y al revés,
es fe en Dios.
Tu almohada
cuando tu sueño toca
o pañuelo cuando la tristeza brota.
Es Él la salvación que no se nota.