Revivo de unos escombros que no distingo,
veo el cielo y hay un atardecer lindo.
Mis torpes pasos se difuminan cada que piso,
¿después de la guerra, se ve este paraíso?
En la tormenta el capitán me mandó a llamar,
su risa nerviosa decía: "no sé en quién confiar".
Si no era Dios, era el mar en su tempestad
que estaba cansado del hombre y su maldad.
Camino tambaleante hacia la orilla,
mis pies me llevan hasta que una ola me pilla,
herido no me resisto, mas me dejo llevar
por este cielo líquido siendo mar.
Mis células se hacen espuma en la vastedad,
sólo van quedando recuerdos de infancia en felicidad
de que mi perro "Croqueta" fue quien me quiso
y ser marinero lo que hombre me hizo.