Un saludo cordial de cariño a toda la comunidad, los amigos que siempre leen gentilmente estás líneas, los que hoy comienzan una aventura en Steemit, mis estimados seguidores, a todos nuevamente bienvenidos a este portal.
Hoy les quiero compartir un tema que nos toca en algún momento, es sobre la postura ante las promesas que hacemos y que nos hacen durante la vida, quizá una promesa de estar juntos, de compartir momentos, de alcanzar el cielo. No les cuento más, los invito a leer este escrito hecho de corazón para ustedes.
Las promesas son para valientes, para personas con carácter, entereza y palabras que valen. Nada más triste que una promesa rota o incumplida, porque seguro es una esperanza muerta o en eterna agonía.
A medida que crecemos nos vamos haciendo promesas personales, estudiamos para graduarnos, adquirimos bienes para nuestra existencia, nos planteamos metas y seguimos pasos en busca de cumplirnos nosotros mismos. Eso está bien, es sano, nos hacemos mejor cada día.
Sin embargo debemos estar claros que no debemos creer en todo tipo de promesas, algunas son vagas, vacías, son hechas de forma arbitraria y no vale la pena gastar en ellas pensamientos ni esperanzas, no siempre pasa, y es la peor manera en la que la desilusión llega si creemos en ellas con fe ciega.
También hay promesas hermosas como las hechas ante Dios para toda la vida. O las que hace un enamorado que ama con valentía. Si prometes cuidar un corazón ese es un compromiso que te regala de regreso más amor y te llena de alegría.
Bendito cielo enamorado que promete estar para ser decorado por las estrellas centellantes en las noches inmortales.
La enteresa de una promesa cumplida es innegable, se debe demostrar a los pequeños que la palabra vale. A los niños se les muestra con el ejemplo de los padres, se les guía en el cumplimiento de sus metas y promesas personales. Aprender a ser valientes es una tarea constante.
No prometas hacer las nubes de algodones dulces, pero si la imaginación puede quizá te guste el sabor y hasta le pongas color para hacer el mundo mejor. Promete ser mejor persona, y comienza en ti, tu alrededor notará que vale la pena tu existir y cosas buenas fluirán en cada paso a seguir.
Siempre cumple tus promesas, las propias que te conducen a triunfar en la vida, las que haces a tus seres queridos y que los llenan de esperanza viva, promete ser feliz y apuesta por ello, porque las promesas de bien las bendice el cielo. Siempre, sé valiente.
¿Tú, tienes alguna promesa no cumplida?
Me despido respetuosamente hasta una nueva entrega, no sin antes agradecer su lectura, apoyo y comentarios. Es un verdadero placer escribir para ustedes y compartir algunas líneas de reflexiones, pensamientos y poemas.
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