Intentó no llorar.
Apretó los puños.
Su respiración se alteró y su pecho se ensanchó.
Tomó el libro y giró a su derecha sin poder evitarlo. El libro comenzó a humedecerse, una baba gelatinosa y un "pong" metalico emergieron. Ella sonrió de angustia y recordó el día que le aconsejaron no abrirlo.
Aceptó. Su cuerpo poco a poco se desvaneció.
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