MIENTRAS SE ESPERA
Por Francisco Rodriguez Sotomayor
I
Hay un acontecimiento que sucede a diario: la espera. Es común, a lo largo del día sucede que debemos formarnos, sentarnos y esperar. Este evento, que tan a menudo nos subyuga bajo sus efectos de impaciencia, ansiedad o desespero, tiene un efecto que nos inmoviliza, impidiéndonos levantarnos del lugar de donde estamos.
II
La espera desespera. Sentados en una sala, hay una muchedumbre o en otros casos hay un silencio total. El tiempo lentamente nos va arañando y susurrándonos al oído. El efecto de la espera que hace querer gritar e irnos, es que la espera es la demostración total de cuando la voluntad es demolida por un agente externo, sea cual sea. Dado el caso, si estás esperando pacientemente por algo, ese algo parece no moverse en tu dirección ¡No llega! ¿Dónde está?
III
Mientras nuestra inactividad nos hace pensar, ver a los lados, de arriba abajo, la actividad de lo que nos rodea parece ralentizar el tiempo, mientras nosotros nos sentimos paralelos a lo que vemos, totalmente ajenos a lo que ansiamos que suceda, que llegue o que nos encuentre. Es como una burbuja. Si lo que estamos esperando llega, la quebrará y seremos libres, si eso tarda (o no llega) puede mortificarnos y desesperarnos.
IV
A veces paseamos en la burbuja sin darnos cuenta. Espectadores de una realidad que parece simulada, desde nuestro palco esperamos inconscientemente ser actores. La actuación nos dará el papel protagonista de nuestra voluntad, y nos quebrará la desesperante burbuja de la espera. La inconsciencia de nuestra inactividad, puede hacer que nuestra burbuja nos seduzca y lentamente vaya cegándonos de la realidad. Hay que actuar.