Historia de una prostituta. (Tercera parte)

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Sabrina despierta en el hospital y la noticia de su embarazo llega a sus padres, que no paraban de llorar de tristeza y dolor y se preguntaban ¿como podrían sobrevivir con otro miembro mas en la familia? Ella se dedicó aun más a su trabajo, por el día su habitual rutina de vender golosinas, café, periódicos y cigarrillos, por la tarde laboraba en una tienda de zapatos, su padre se vio en la obligación de seguir trabajando a pesar de la condición de su cuerpo y su madre, realizaba horas extras en un preescolar donde se dedicaba a cuidar niños.

Pasan los meses, y llega el día que Sabrina rompe fuente, llega de emergencia al mismo hospital en el cual nació y donde sin muchas complicaciones da a luz a una hermosa niña, blanca como la leche, cabello azabache, como su madre, que recibe el nombre de Alejandra.

Sabrina deja sus trabajos a un lado ya que debe cuidar a su hija en casa, sus padres trabajaban mas y mas, hasta que una tarde, recibe una llamada.

Le notifican que su padre, Roberto, había fallecido debido a un ataque al corazón, según sus allegados y compañeros de trabajo, la culpable fue la presión y el sobre esfuerzo a un cuerpo que le exigía descanso, pero que no podía permitirse.

Al enterarse entró en shock y una rabia inmensa la inundó, no paraba de llorar y golpear las paredes, quería que todo fuera un sueño, pero no lo fue, su padre murió, y no volvería.

Dos años mas tarde, ya Sofia, su madre, no podía trabajar, se quedaba en casa cuidando a Alejandra, su querida nieta, y ante las circunstancias Sabrina toma otra drástica desaficione en su vida, para lo cual, toma el camino de la prostitución.

Ella no quería que su hija viviera lo que ella vivió, y que al igual que su padre, su madre muriese también en la pobreza, ella poseía un hermoso cuerpo, excelentes atributos a pesar de su parto, sabia que cualquier hombre mataría por ella, que pagarían lo que fuera y como símbolo de su pacto, se tatúa el rostro de su hija en su brazo izquierdo, por ella bajaría la luna y lucharía contra el mundo si fuera necesario.

Así comenzó su nueva faena, tras decirle a su madre que trabajaría en un un restaurant, de noche, realizando labores de mantenimiento, se trasladó a su nuevo lugar de trabajo, una avenida muy reconocida en la ciudad, por ser el centro de reunión de trabajadoras sexuales, a las cuales, vestida de minifalda, tacones, un pequeño top y toques de maquillaje,
se les sumaria la hermosa Sabrina, parada en una esquina, bajo la luz intermitente de la bombilla de un poste en mal estado, como si ese fuese su escenario y ella la estrella, esperando a su primer cliente, el cual no tardo en llegar.

Un hombre alto, pasado de peso, de unos 40 años, a quien seguramente su esposa lo esperaba en casa, se acercó. Su aspecto le provocaban a Sabrina deseos de correr, pero recordó por que lo hacia, pensó en su madre y en su hija, y recordó a su padre, por lo cual, tras una breve charla, decide entrar en el auto de aquel hombre, quien acepta la tarifa acordada y decide tener el encuentro sexual en ese mismo auto, pero ella cometió un error, que nunca mas volvería a
repetir.

Luego de satisfacer a su cliente y pedir su dinero, el hombre le llama zorra y le indica que baje del auto, ella pregunta por el dinero que le corresponde, a lo cual el hombre se ríe y le grita nuevamente que baje del auto.

Ante esta problemática, Sabrina se niega a bajar, y el hombre enfurecido arremete contra ella, propiciándole tantos golpes que sangraba profusamente, ella logra abrir la puerta para escapar, y de una patada sale disparada al
suelo, lo próximo que llega a escuchar es al hombre que le dice: "esto es un regalo por tus servicios, zorra" y acto seguido luego de una detonación, siente un dolor penetrante en su abdomen y el sonido de llantas chirriando en el asfalto, para alejarse en la oscuridad de la noche. Debido a la sangre que brota de sus heridas, Sabrina pierde
el conocimiento.

No sabe cuanto tiempo paso, ni como llego allí, pero despierta en una camilla de hospital y ella se pregunta por que no murió allí, quizás así hubiese sido feliz, y antes de continuaren sus pensamientos otra noticia llega a sus oídos, el disparo en su abdomen la había dejado estéril y con una lagrimasurcando su rostro, acepta la noticia.

Una vez su madre llega al hospital, Sabrina le cuenta con una mentira, que al terminar su jornada decidió tomar un taxi para llegar a su hogar y el conductor oportunista, la despojó de sus pertenencias y en un forcejeo saco su arma y le disparó.

Al recibir el alta y volver a su hogar, en silencio, viendo a su bebé dormir, entendió por que no murió, y por que no debía morir, ella debía sacar a su hija de ese lugar y darle un futuro diferente, uno mejor a la vida que ella tuvo y que aun tiene.

De vuelta a las calles, ya Sabrina sabia que hacer y como funcionaba el negocio, ya se había vuelto una experta del arte de la negociación, la persuasión, la seducción y el sexo, a menudo peleaba con otras prostitutas de la zona, ya que la envidiaban mucho por su hermosa figura y por que ella podía triplicar la cantidad de clientes por noche que
las otras chicas eran capaces de recibir.

En una oportunidad, se enzarzó en una pelea con otra chica, quien le propició una cortada en el abdomen con un cuchillo, y a la cual le respondió arrojandole una roca pesada en la cabeza, que acabó con la vida de la prostituta agresora y ante tal acontecimiento, arrancó a correr y se perdió en la noche, ante las miradas de sus colegas que veían la escena con asombro.

La policía no realizaron pesquisas ni investigaciones, ya que para ellos, la difunta no era más que otra prostituta del montón, tal vez sin familia y este hecho le labró a Sabrina una gran reputación y el respeto de sus colegas en la zona donde trabajaba.

Pasan los años, y la pequeña Alejandra crece, ya tiene seis años, y su madre, debido a la buena cantidad de dinero que ganaba, logra inscribirla en un colegio privado, de una muy buena zona de la ciudad, su sacrificio estaba dando frutos, hasta aquel día en que Sabrina conoció a Marcos, un hombre de unos 36 años, alto, fornido, buena presencia y muy buen porte, él, intimidante se para frente a ella, a lo que ella le dice: "dime... ¿que hace un hombre tan hermoso como tú, buscando malas chicas como yo?" él explica, que no venia en busca de una mala chica, si no por la mujer que casi le hace chocar su auto debido a su gran belleza.

Marcos le propone a Sabrina, con mucho respeto y galantería, que suba a su auto, y la llevaría a ser feliz, ella encantada entra en su auto y el le lleva a recorrer la ciudad, la primera persona que, en mucho tiempo, tenia una conversación genuina con ella, y la escuchaba tan atentamente que en esa noche, se desahogó y le contó su historia, a aquel desconocido, que no la trato como a un simple objeto prepagado, si no como a una persona.

El no se propasó de ninguna manera con ella, y ella tampoco lo busco o se le insinuó, aunque de cierta manera, a ella le gustaba, se hicieron muy buenos amigos, ya Sabrina no salia en las noches a trabajar, sino a recorrer media
ciudad, en citas y encuentros con ese hombre de 36 años, galante y atento llamado Marcos, abogado y de buen porte, quien gustoso pagaba las tarifas de Sabrina, solo para pasar tiempo con ella, sin pedir sus servicios y ella las aceptaba, más por voluntad, lo hacia por necesidad.

Una de tantas noches, su nuevo amigo la llevo a cenar y ella paso una muy gustosa noche, encantada y asombrada por las diferentes cosas que degustó, todo el lo pagaba y ella con mucha pena aceptaba, el propone, a decisión de Sabrina, llevarle a su casa y ella acepta.

Llegan a una magnifica zona residencial, donde entran a una hermosa casa, espaciosa, amplia y bien decorada, aunque vacía y un poco fría.

Ella se sienta frente a una pulida mesa de ébano, sencilla pero elegante donde el le sirve una copa de vino y se sienta junto a ella.

-"Y dime Marcos, ¿por que si eres tan apuesto y exitoso, no tienes esposa"? se atrevió a preguntar ella
-"Me dejó hace 5 años, me pidió el divorcio y se fue con otro aun más "exitoso" y "apuesto" que yo, según ella y la verdad, no me he topado con nadie que valga la pena" confesó.
-¿"y tu crees que yo valgo la pena?" preguntó ella nerviosa.
-"claro que lo vales, aunque elegiste un mal camino, una mala vida, lo que tu haces es un trabajo, debido a la necesidad que pasas" señaló.
-"No hay trabajo que avergüence, lo deshonroso seria robar y matar por dinero, no son tus errores los que te definen, sino las ganas que tengas o no de salir adelante y buscar una mejor vida para ti y tu familia, es eso lo que te hace
una mujer increíble".- Finalizó, con una de las galantes sonrisas que solo guardaba para ella...

Si aun no han leído la primera y segunda parte, acá se las dejo:
Historia de una prostituta. (Primera Parte)
Historia de una prostituta. (Segunda Parte)

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Fuente

Historia de una prostituta. (Tercera parte) | Ecency