Que jubilo de visión, cuando observo tus cartas, que alegría cuando tú voz logra llegar a mí, como vibra mi alma tal cual infante cuando disfruta de el placer de la niñez, que palabras tan soeces para referirme a mi alegría cuando percibo tú presencia, no puedo contener la alegría y quisiera saltar y lanzar fuegos artificiales en todas direcciones, dar gritos e informar al mundo que soy feliz, porque puedo escuchar el murmullo de tú voz. Heme aquí esclavo de mi alegría, o Fausto cuanto te envidio tú al menos tenias un contrato firmado con sangre, yo sólo tengo una esperanza que a veces se escapa para divertirse con mi mirada perdida, aquí en este inmenso espacio donde el sol brilla más intensamente, me encuentro esperando por que la brisa me otorgue otro poco de ti.
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Creado por Edixon Amaiz @eviledx