Cuando me comprometí con ella, varios amigos me lo reprocharon: no comprendieron ni entenderán la naturaleza de mis actos. No los juzgo.
Acepté la propuesta estando ebrio. Tras la resaca saboreé la realidad, enfocado en las responsabilidades que tenía. Levantarme de la cama, hoy día, no es fácil. Verás, al fondo de mi habitación el miedo siempre acecha meticuloso, la duda le ha prometido noche tras noche ponerme en bandeja de plata a primera hora: nunca falla a su palabra. Inmóvil sobre el utensilio me he dejado invadir por él, ¿para qué negarlo? Reacciono cuando pienso en volver sobre mis pasos, mas no fuerzo el trato y recurro a los convenios sociales: permito al miedo quedarse y perdono a la duda por enésima vez. En todo caso, fui yo quien eligió la ruta menos transitada.
¿Qué te puedo decir? Mi familia no lo aceptó. Nadie estuvo de acuerdo. Incluso yo temblaba en aquel altar de mala muerte... Sin embargo, el alma persistía en la idea y no quise cohibirme: di mi primer salto. Ahora suelo tomarme un café en las mañanas lleno de vértigo, frente a mí el abismo infinito como un dulce recordatorio.
Llevo semanas descendiendo y desde aquí he notado lo bien que se está cuando no piensas y actúas. Estoy rodeado de cucarachas y otros bichos que a veces me despiertan de una pesadilla para entrar en otra, aun así, me desenvuelvo bien en mi locura. En ocasiones vuelvo a ingerir grandes cantidades de sueños y diálogo borracho con mi lunática esposa. No puedo decir que adoro su compañía, pero nunca antes había trabajado tanto en mi vida como lo he hecho desde que estoy casado con la incertidumbre.
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