Cada día hay un nuevo amanecer y cada amanecer es diferente al otro.
Así mismo es la vida, para todos es diferente, distinta, con un toque peculiar de amargura, otro de dulzura y unas pequeñas chispas de esperanza en algunas ocasiones.
Hay días en los que el ánimo y la energía parecen recorren todo lo que somos y nos levantamos con ganas de hacerle frente a la vida, sabiendo que es dura, pero pa'lante. Y hay otros días en los que la energía amanece agotada, los ánimos decaidos y hasta nos duele el cuerpo por haber dormido mal, y simplemente lo vivimos por vivir, como dicen por allí: porque no queda de otra.
Cada amanecer es diferente, tanto para el cielo como para los que podemos observarlo, pero así como ninguno es igual al otro, esto debe enseñarnos a ser más empaticos con el prójimo, porque sí bien hoy quizás para ti es un buen día, otro tuvo un amanecer diferente y si amaneciste con el trago amargo de la vida, entonces tampoco culpes a quién el sol le sonríe hoy.
Vivir implica comprender que no siempre nuestro cielo estará nublado y que a veces entre las nubes se ve el esplendor de un hermoso amanecer. Porque lo difícil no es la vida en sí, si no en como la recibimos en cada amanecer.