Esperaba que llegara el día en que acabara este ciclo. Un año ya de tu partida vivido como en una pompa de jabón a merced de las ventoleras, volando cada vez más alto, más lejos. Buscando donde estallar, en partículas indetectables. Sin molestar.
Sí, una pompa transparente, desfigurada, con incógnitas que hinchan la sutil membrana de mi cordura. Nadie notaba el correr de las mimetizadas lágrimas por sus bordes.
Dormida en la espuma del mar, presente acariciando mi piel, divertida flotando en la cerveza… así pasaron los días.
Arrasada por los estertores abrasadores del desierto del alma hasta que la oscuridad del olvido heló la delicada burbuja. Se hizo una montaña de hielo: monumental, blanca y gélida. Punzante al tacto, cegadora a la luz y narcotizante al vivirla.
Por suerte, la cálida luz del amor derrite todo hielo oculto o expuesto en la frágil circunstancia de existir.