Afortunados y productivos días, gente de Steemit. Hoy concluiré la entrega que he venido realizando, constituida por la trilogía de historias que obtuve a través de dialogar con mujeres maravillosas que hoy día están cercanas a los ochenta o los noventa años. La pregunta sería, si volviendo la vista al pasado, se encontraran de nuevo con estos hombres, aceptarían sus propuestas matrimoniales, las tres dijeron que sí, pensando que de otra forma no tendrían los hijos maravillosos que les legaron sus respectivas uniones, las dos primeras conocieron el amor, esta tercera, no sé, ustedes me dirán.
Hasta que la muerte los separó.
Cuando amar es un suplicio, pero el corazón no admite partirse en dos.
Parte III
Felicia y Jonás no eran, según ella misma cuenta una pareja de telenovelas, unieron sus vidas a temprana edad, desde un inicio, fue una relación cubierta de tensión y sufrimientos. Antes se decía “Contigo pan y cebollas” indicando que sólo el amor no era suficiente cuando querían estar juntos, pero en esta relación, otros aspectos salieron al ruedo. Aparecieron las cruentas necesidades económicas y para hacer más difícil la situación él tenía una gran debilidad, su inclinación a ingerir bebidas alcohólicas, y todos sabemos lo que esa enfermedad puede causar en los hogares. No se preocupaba por su esposa y menos por el hogar que acababan de construir, y al llegar los hijos, un varón muy enfermizo que padecía de asma y una pequeña niña, la madre se vio en la necesidad de trabajar, vendían periódicos para subsistir. Se levantaban a las tres de la mañana, de lunes a lunes, aquí no hay vacaciones ni días feriados, sólo ella con sus dos criaturas.
Jonás era un hombre muy bien parecido, nacido en el estado Táchira, (gocho como les decimos en Venezuela) autodidacta, leía todo lo que tenia oportunidad (cuando no estaba bajo los efectos del licor) y podía dar fe de esto con las nutridas conversaciones que realizaba estableciendo conversaciones acerca de muchos temas, la gente más preparada de su localidad. A pesar de todos los desagradables momentos que le tocó vivir a esta familia, sobre todo a Felicia los años siguieron trascurriendo y los hijos creciendo. Después de varios años de unión, la pareja se une en sagrado matrimonio, haciendo votos donde se juran mejorar la relación y salir adelante juntos. Nada sucedió de tal manera, los hijos ya adolescentes, asumieron la responsabilidad del hogar, junto a su madre, los tres se levantan hoy día a las tres de la madrugada para buscar y distribuir sus periódicos, es una vida dura aunque económicamente sus posiciones económicas han mejorado.
Felicia cuenta (en unas oportunidades con risa y otras con decepción), las acciones de Jonás. Como por ejemplo, le había descubierto algunos romances ocultos, este le decía; ¡no te preocupes mujer, “ellas son capillitas y tú eres la catedral”, O cuando el niño se enfermaba y ella angustiada lo llamaba, a lo que él respondía; ¡enfermas ese muchacho con la mente para tenerme aquí!
Son sólo dos anécdotas, en veinte años de unión, ¡cuántas más se desarrollarían! Pero así, entre verdes y podridas continuaron con su destino.
Hablando con los hijos, dos personas ya adultas, honestas y trabajadoras, dicen no guardar rencor hacia su padre, pero si manifiestan enorme respeto por la madre abnegada, que hasta la fecha no sabe de descanso sino de trabajo y más trabajo.
En la actualidad Felicia cuenta con setenta y ocho años de edad, Jonás murió hace quince años de un paro respiratorio, como ella misma lo dijo no fue un amor de telenovelas, ni cuento de hadas con su “vivieron felices para siempre”, pero con todo y eso, permanecieron juntos, hasta que la muerte los separó. En realidad me cuesta creer que sea amor, y tú ¿qué opinas?
¡Gracias por leer!
¡Hasta pronto!