📜 Oficio de Vagabundo (XVIII)
Este poema nace del silencio que deja un amigo fiel. En su mirada encontré compañía; en su próxima partida: una lección de ternura. Oficio de Vagabundo (XVIII) es mi forma de agradecerle, de despedirlo, y de esperar que su ladrido vuelva algún día, en otro cielo, con otra paz.
En la vigilia de las horas tristes,
el poema es aflicción blanca, pura.
Yo no me quedo frío ante la pérdida.
Yo encontraré, lágrima azul o lágrima verde por delante,
la calma.
Descansa ya, amigo mío.
¡Descansa! Descansa, hermano.
Fuiste humano, bien humano.
Pronto serás el vacío
en unión con el rocío,
donde la hierba se esconde.
Descansa. Tú sabes dónde
dormir. Tú sabes, tú sabes...
Es necesario que laves
mi dolor. Ya no responde
tu ladrido, tu cabeza.
Ya amanece y yo susurro
tu nombre. Ya no me aburro
con tu bárbara tristeza.
Entonces parte... regresa,
regresa con el consuelo
de otro ladrido, otro anhelo,
otra risa y otra paz.
Descansa, sí. ¿Volverás?
Tú también te irás al cielo.
Gracias por leer. Este poema es también para quienes han amado y amarán a su perro.