Ni en la puerta del sol ni como el año que fue. Nada ha sido lo mismo y probablemente nada lo será. Ese Nacho Cano tocando solo en una Puerta del sol vacía en el centro de Madrid y de las españas… Tampoco los petardos borran el sonido de ayer, como dice la canción de Mecano; unos petardos que poco a poco también desaparecerán, excepto en Valencia, en una sociedad que cada vez más cuida a sus mascotas y trata de evitar el perjuicio que los estruendos les provocan. En nuestro tiempo todo el mundo reivindica algo. Bien está. Eso es síntoma de que todo va bien, dentro de lo que cabe. Si estuviéramos más ocupados en sólo sobrevivir, en sólo seguir vivos por encima de todo, no nos preocuparían tanto esas pequeñas cosas del día a día de sociedad desarrollada y más o menos estable. Incluso con la pandemia encima, una parte muy importante de la población parece no querer salir de eso que llaman quienes viven de la autoayuda “zona de confort”.
"Un año más" Mecano. Directo Puerta del Sol Madrid
El repunte del coronavirus ya está aquí y aún no se computan los contagios que se produjeron en nochevieja ni los que se producirán por parte de esos contagiados asintomáticos estos días. Lo sabíamos pero parecemos empeñados en vivir las cosas como si todo le pasara a los demás y los demás no fuéramos nosotros para los demás.
La política bien, gracias. Igual que en el año pasado. Cuesta arriba y sin ni siquiera el freno de la cuesta de enero. Impulsada por el viento del todovale para conseguir un voto más. Incluso quitar de un día para otro al ministro de la pandemia, jugada maestra del jefe si desde el rédito partidista se mira, y que con tanta normalidad ha aceptado Illa para dejar su incómoda silla y presentarse a las elecciones catalanas como Salvador el salvador en el año vacunal. Eso y la normalidad surrealista de un discurso tras otro de año nuevo o navidad de todos los presidentes autonómicos y casi todos los alcaldes en un ejercicio surrealista que se han tragado las redes sociales y las pantallas que solemos ver mientras hacemos... tiempo cuando nos toca ir al cuarto de baño. Pantallas que se llenaron de rostros anteanoche también cuando nos llamamos unos a otros para felicitarnos en el peor año de nuestras vidas, elevando el diapasón de nuestro dramatismo acomodado mientras quienes sufren de verdad no suelen salir en los telediarios, acurrucados con su dolor en la habitación de un hospital o en su dormitorio pendientes de su cuidador que también sufre aunque de otra manera. Jamás hemos estado tan cerca, gracias a los móviles y la fibra óptica, pero seguimos empeñados en añorar un abrazo como si antes nos hubiéramos pasado la vida abrazando a todo el que pasaba por nuestro lado deseándole Feliz Año Nuevo incluso en agosto...
Dramas y comedias. Fangoria
Es verdad que en Andalucía los abrazos y los besos y la piel con la piel son seña de identidad, es verdad. Pero de ahí a ocupar horas de conversaciones con la cantinela de la lejanía, cuando no ha habido más lejanía que la de morir sólo siendo inocente por culpa de los contagios no evitados en demasiados casos de quien lo transmitió, va un lloriqueo repetido convertido en costumbre que no se corresponde con la realidad de lo público aunque sí de lo publicado una y otra vez en las teles y en internet. Y en ello estamos. Seguimos estando. Tardaremos meses en vacunarnos hasta tener el virus controlado. Nos fuimos del año pasado advirtiéndolo y comenzamos este esperanzador 2021 recordándolo. Nos queda por pagar lo que no hayamos hecho bien la última noche del año 2020, un año que recordaremos para lo mucho malo y para lo bueno que de lo malo muchos hemos aprendido. Nos queda pensar en este último tramo de las navidades en los más pequeños de la casa. Esos que van al colegio con la mascarilla puesta sin quejarse por ello. Esos que pasan frío en las aulas por la obligada ventilación también en invierno para frenar al virus. Esos que recordarán que fueron niños en 2020, el año de la pandemia. Esos que, ojalá, sigan la cadena de hacer soñar a sus hijos cada noche de reyes Magos como lo están haciendo con ellos ahora sus padres, en un año muy difícil para algunos, esos que ojalá no tengan que vivir muchos dramas en su vida. 2021 Abrazos…
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