Imagen generada con IA / AI-generated image.
El Parque Warner acaba de anunciar el Dog Day: dos días (12 y 13 de septiembre) en los que puedes meter a tu perro gratis al parque de atracciones. Y ya empiezo a ver compartidos de felicidad absoluta. "¡Por fin mi perro va a conocer a Bugs Bunny!" --- escribe la misma persona que hace dos semanas compartió un vídeo llorando por los petardos de las Fallas.
No me malinterpretéis: me parece bien que se normalice que los perros puedan ir a más sitios. Pero empecemos a llamar las cosas por su nombre. Esto no es un avance en bienestar animal. Esto es mercadotecnia emocional disfrazada de amor por los animales.
Tu perro no quiere ir a la Warner. Tu perro no sabe quién es Bugs Bunny. Tu perro no necesita una foto con el Pato Lucas. Lo que tu perro quiere es un paseo largo, oler el canto de la acera veinte minutos, y quizás un trozo de jamón que se te cae al suelo.
Pero tú sí quieres ir a la Warner con tu perro. Tú necesitas esa foto. Tú necesitas que tu perro esté presente en todos los planes de tu vida porque si no, ¿cómo vas a demostrar lo mucho que lo quieres?
Y aquí viene la hipocresía: compartes el cartel de "los petardos matan a mi perro" cada agosto, te echas las manos a la cabeza con el maltrato animal... pero no dudas en meter a tu bicho en un parque de atracciones con:- Ruido ambiental constante (no, no es lo mismo que un petardo, pero tampoco es el campo)- Aglomeraciones de gente desconocida rozándose, gritando, corriendo- Luces, música a alto volumen, atracciones mecánicas vibrando a su alrededor- Horas y horas deambulando sin un espacio para descansar tranquiloAh, pero es que el perro puede entrar gratis. ¡Qué detalle!
Lo del cine ya me parece el colmo del absurdo. Pagas una entrada para sentarte en una sala oscura con sonido ensordecedor y meterle a tu perro una sesión de dos horas de algo que no entiende ni le interesa. Todo para que tú puedas decir que fuiste al cine con tu perro. Porque lo importante no es la experiencia del perro. Lo importante es cómo queda en Instagram.
No digo que esté mal que existan estas iniciativas. Habrá perros sociables a los que no les importe, y dueños responsables que los saquen si ven que se estresan. Pero seamos honestos: la mayoría de la gente que va a llevar a su perro a la Warner no va a hacerlo porque el perro lo disfrute. Va a hacerlo porque ellos quieren ir a la Warner y no quieren dejar al perro en casa. Fin.
Y luego, cuando el perro llegue a casa agotado, estresado, con la lengua fuera y las orejas gachas, dirán: "es que se ha cansado de lo bien que lo ha pasado". Mentira. Se ha cansado de sobrevivir a un entorno de mierda para el que no está diseñado.
Pero bueno, mientras haya likes, mientras haya miradas de aprobación, mientras podamos disfrazar el postureo de amor por los animales, el perro seguirá yendo a sitios que no le importan para que nosotros podamos sentirnos mejores dueños. Que al final, como siempre, va de nosotros.
Ya sabéis: el perro no quiere ir a la Warner. Quiere que le tires la pelota. Pero una pelota no se hace viral.
The Warner Park just announced Dog Day: two days (September 12 and 13) where you can bring your dog into the theme park for free. And I'm already starting to see shares of absolute joy. "Finally my dog gets to meet Bugs Bunny!" — writes the same person who two weeks ago shared a video crying about the Fallas fireworks.
Don't get me wrong: I think it's good that dogs being allowed in more places is becoming normalised. But let's call things by their name. This isn't an advance in animal welfare. This is emotional marketing disguised as love for animals.
Your dog doesn't want to go to Warner Park. Your dog doesn't know who Bugs Bunny is. Your dog doesn't need a photo with Daffy Duck. What your dog wants is a long walk, sniffing the edge of the pavement for twenty minutes, and maybe a piece of ham that falls off the table.
But you do want to go to Warner Park with your dog. You need that photo. You need your dog to be present in every plan of your life because otherwise, how will you prove how much you love him?
And here comes the hypocrisy: you share the "fireworks kill my dog" poster every August, you throw your hands up at animal cruelty... but you don't hesitate to take your pet to an amusement park with:
Ah, but the dog gets in for free. How thoughtful!
The cinema thing already seems like the height of absurdity to me. You pay for a ticket to sit in a dark room with deafening sound and put your dog through a two-hour session of something he neither understands nor cares about. All so you can say you went to the movies with your dog. Because what matters isn't the dog's experience. What matters is how it looks on Instagram.
I'm not saying these initiatives are inherently bad. There will be sociable dogs who don't mind, and responsible owners who take them out if they see stress. But let's be honest: most people who take their dog to Warner Park won't do it because the dog will enjoy it. They'll do it because they want to go to Warner Park and don't want to leave the dog at home. Period.
And later, when the dog gets home exhausted, stressed, tongue hanging out and ears drooping, they'll say: "he's just tired from having such a good time". Lie. He's tired from surviving a shitty environment he wasn't designed for.
But hey, as long as there are likes, as long as there are looks of approval, as long as we can disguise showing off as love for animals, the dog will keep going to places he doesn't care about so we can feel like better owners. Because in the end, as always, it's about us.
You already know: the dog doesn't want to go to Warner Park. He wants you to throw the ball. But a ball doesn't go viral.
Publicado originalmente en todomal.es
Traducción al inglés generada con IA / English translation AI-generated.