Las aves de variadas especies y colores, entre ellas hablaban y se preguntaban… ¿Qué mal tan grande tiene esa chica? ¿Qué le pasaría, se murió algún familiar de ella? Ante estas interrogantes y otras, un ave de esplendido plumaje rosáceo les dijo: “me voy acercar para hablar con ella”. Las otras aves contestaron al unísono “si, trata de ayudarla, de aliviar su alma; porque es un dolor muy grande que no la deja en paz”. Rauda voló la Corocora y se posó en laja donde estaba la dama; quien la miró sorprendida y más se sorprendió cuando la vio avanzar hacia ella y se metió en su regazo. En este momento tenía su atención fija en lo que estaba sucediendo y por acto reflejo tomó entre sus brazos a la Corocora, la acurrucó y le acariciaba su lindo plumaje, suspiró, miró al cielo; experimentó en ella una tranquilidad única y le dijo: “Gracias avecita linda me trajiste la tranquilidad que necesitaba”, “De nada, mis amiga y yo tenemos horas mirándote, te queremos ayudar, porque vemos que es mucho tu dolor” expresó la Corocora. “Ya me ayudaste, vuela y dile a tus amigas que me devolvieron la tranquilidad”. Voló, voló muy feliz y dio la noticia a sus amigas. Todas con mucha algarabía emprendieron viaje; pero en vuelo rasante pasaron a despedirse de Elizabeth y en coro le dijeron “Hasta pronto niña bonita, saca todo lo malo que tengas en tu interior y no te asustes, vas hablar con el Sol”. Elizabeth, no hallaba qué decir y simplemente respondió adiós.
Elizabeth estaba muda y no salía de su asombro, era como el cuento de “Alicia en el País de las Maravillas”. Reaccionó y miró al Sol a través de las nubes y se decidió a contar lo que le acontecía. “Soy la mayor de cinco hermanos, tengo 21 años, vivimos con mi abuela, ya viejecita, dejé de estudiar mi carrera universitaria, porque soy el sostén de la familia, me sigue mi hermano Andrés de 15 años; luego viene Amelia con 13 años, Oscar y Juan con 9 y 7 años respectivamente. Tengo que trabajar para ellos aunque Andrés me ayuda cuando hace trabajitos en casas de familias, en el mercado o en los abastos y todo el dinero que generamos es para medio comer y comprar medicinas para la abuela”. El sol y las nubes escuchaban atentamente, Elizabeth hizo una breve pausa, para respirar y contener el llanto. Sin embargo, continuó su relato: “Justamente hoy a mi hermano Andrés lo pusieron preso; porque el señor René lo acusó de robarle 2 Kg de verduras y 3 Kg de carne. Fui al comando de la policía y no me dejaron hablar con él y me dijeron que tenía que cancelar lo que hurtó y una fianza de 20 $ y lo peor del caso es que no sé la realidad de los hecho, si mi hermano hurtó o no eso; lo único que puedo decir es que lo llevó a la casa; pero en ese momento estaba trabajando y no hablé con él”. “Lo que dices es motivo para tener ese estado anímico; pero tú conoces a tu hermano y sabes que no es ladrón; al contrario trabaja para ayudarte, pero debes calmarte que al hablar con él todo se va a resolver, confía en la forma como lo criaste y los valores que le enseñaste, nunca pierdas la esperanza”. “Gracias, señor Sol en tu mensaje me trajiste un racimo de esperanza que me permiten manejar mejor la situación”. “De nada, niña bonita. No pierdas la esperanza y no te vayas todavía que el viento quiere hablar contigo”. Ella pensaba que estaba soñando, que estaba en mundo mágico; donde todo podía suceder.
Se fue el Sol con sus amigas y el viento no se hizo esperar, jugaba con la cabellera de Elizabeth y con delicadeza acariciaba su rostro y le susurró en el oído: “Tranquila muchachita, todo tiene solución. Te veo más relajada, pero hay algo más que tiene mal, lo noto en tu mirada, lo noto en tu ansiedad. Háblame de eso, por favor”, “Señor viento con pena se lo a decir, mi jefe el dueño de la panadería, me acosa sexualmente, siempre busca la manera de agarrarme, de besarme y hacerme cosas, yo no lo denuncio porque necesito del dinero que ahí devengo; pero como no he cedido a sus proposiciones indecorosas, hoy cuando mi hermano lo detuvo la policía a mí me despidieron del trabajo, después de estar laborando 9 meses y aguantado cosas. Ahora me pregunto cómo vamos a comer, cómo le doy para el transporte a mis hermanos, esta es mi otra situación”. El viento con tristeza y algo de rabia por la acción del jefe de Elizabeth, le contestó: "Eres una dama de muchos valores y con bastante voluntad para hacer las cosas y sobremanera mantenerte casta, ahora debes luchar vuelve a la panadería y enfrenta con valentía a ese sinvergüenza, dile lo que sientes y le cobras por los 9 meses que tuviste laborando ahí, lucha niña bonita, lucha con gallardía y valentía, la razón te asiste". Elizabeth estaba emocionada, sentía un flujo de energía que la llenaba de fuerza, de valor y le dijo al viento: "Gracias por la orientación, gracias por preocuparte por mí y traer a mi vida la valentía y sí voy a luchar". "Esa es la actitud, te veo mejor y con más espíritu guerrero. Te admiro mucho porque en tu situación o condiciones de vida precaria, no comerciaste con tu cuerpo, Dios te cuide niña bonita y, por favor, ten paciencia, no desespere y otra cosa, el río me dijo que viene hablar contigo, espéralo". Así fue la despedida del viento.
La niña bonita contemplaba el correr apacible del río mientras la marea lavaba sus pies y de pronto ocurrió algo sin igual, nunca visto, el río detuvo sus aguas por segunda vez, la primera vez Elizabeth no reparó en ese suceso, estaba enfocada en el mal momento que pasaba; ahora gracias a la Corocora estaba tranquila, esperanzada por las palabras del Sol y con mucha valentía que le trasmitió el viento, es decir, estaba muy bien y esta vez si pudo percatarse cuando el río detuvo sus aguas y escucho una voz suave que le dijo: "Te invito nuevamente a bañarte en mis aguas, para que dejes en ellas todo el pesar que te quede. Limpia tu cuerpo y tu alma y libera los malos pensamiento, que todo eso se irá aguas abajo cuando cese mi conversación contigo". Elizabeth aceptó la invitación y cuando nadaba le dijo al río: "Me siento otra persona, ustedes me han ayudado mucho; estoy en deuda y no sé cómo cancelarla", "Es muy sencillo, lo queremos en pago, es que vivas en armonía con la naturaleza, ve en los animales seres vivos que siente, lloran, tienen momentos de alegrías y sufrimiento; disfruta del Sol en la aurora en el ocaso y su plenitud de energía, en el medio día, pero sin exponerlo a que te maltrate la piel. Disfruta de mis aguas, habla con los peces, los jarizales. Ama, muchachita. Ama a la naturaleza que tú eres parte de ella y para despedirme te digo que debes confiar en ti". A esto contestó la dama: "Gracias, apreciado río. Gracias por darme confianza". Cuando el río estaba a punto de liberar las aguas para que siguieran su curso expresó lo siguiente: "Otra cosa niña bonita, al caminar de regreso a tu casa te abordará un caballero; habla con él, es un hombre joven y sincero que siempre estuvo contigo; pero no lo podías ver porque estaba escondido detrás de aquel árbol, habla con él niña bonita"
Elizabeth una vez que salió del río, era otra persona, estaba radiante, motivada y con mucha esperanza que todo iba a salir. De regreso a su casita tenía que pasar por un sendero que atravesaba el bosque y fue en ese transitar que se encontró con Javier y el joven la saludo y le dijo: "Señorita perdone mi atrevimiento, mi nombre es Javier y necesito hablar con usted, no tenga miedo, no soy un malandro, simplemente quiero conocerla, caminar con usted y hablar sobre la magia que ocurrió en el río". La joven dama miraba a Javier y sonreía y expresó con un tono de voz dulce como la miel: "Sí está bien, vamos hablar mientras caminamos; porque mis hermanos y mi abuelita están esperándome. Mi nombre es Elizabeth".
Los dos jóvenes caminaron entre los verdes, los amarillo y la hojarasca del bosque. Los grandes árboles vigilaban atentamente el andar de la pareja y ellos hablaban de los sucesos ocurridos. A este respecto Javier sorprendió a Elizabeth cuando le manifestó:: "Te voy ayudar a resolver tus problemas sin interés alguno, veo que eres una excelente persona que no merece el trato recibido en la policía y menos el que te daba tu jefe el de la panadería", "Cómo me vas ayudar, amigo". "Muy fácil con lo de tu hermano vamos hablar con el oficial encargado de la delegación, ellos no pueden negarte el derecho que tienes de saber de tu hermano; luego vamos donde el panadero y lo voy amenazar, para que te cancele lo correspondiente a los 9 meses de trabajo,; de lo contrarios introduciremos un una denuncia en la Fiscalia Pública sobre acoso sexual a que fuiste sometida por él"
La joven no daba crédito a lo que escuchaba y mirando a javier fijamente le dijo: "Tú hablas como si fuera un abogado y me haces sentir protegida". Javier se reía y le contestó. "Sí, yo soy abogado, ya tengo 5 años ejerciendo particularmente y trabajo como asesor jurídico en la cauchera DON LUIS" , "Y cuándo vamos hacer eso que acabas de decir", "Cuando lleguemos a la ciudad, vamos para tu casa, para saber dónde vives, conozco a tus hermanos y a tu abuelita y mañana te pasó buscando en las 06:30 am, para que nos rinda el día, gracias a Dios que tengo un carro para hacer las diligencias con rapidez". Hablando y hablando llegaron al estacionamiento que estaba cerca del bosque, lo abordaron y llegaron a la casa de Elizabeth a las 5:30 pm. conoció a sus hermanos, a la abuelita y compartió cafecito con ellos.
A las 05:00 am del otro día, Elizabeth estaba haciendo café y desayuno, a las 06:15 am llegó Javier, desayunaron, tomaron café y Elizabeth hablo con Amelia, para que atendiera a la abuela y a sus hermanos en el desayuno y que la esperara para hacer almuerzo. Salieron y a la primera diligencia fue ir a la delegación de la policía, javier se identificó como abogado de Andrés y presento a Elizabeth como su cliente, pidió hablar con el acusado y no hubo ningún tipo de objeción.
Cuando estaban en la celda Andrés llorando abrazó a su hermana y le decía: "Hermanita, hermanita, yo no me robé nada, hermana. eso me lo regaló la hija del señor René donde trabajo a veces; porque yo la ayudo con las tareas, le explico matemáticas y física". El abogado intervino y le preguntó ¿Ella puede atestiguar que lo que tu dices es verdad?, el muchacho respondió que sí y la pueden buscar en la quinta San Miguel del Barrio Centurión, calle Santa Juana. No. 35. Así hicieron y cuando llegaron a la casa de la jovencita, compañera de estudio de Javier, estaba con su papá y su mamá. La esposa de René quien atendió, después de escuchar el motivo de la visita, los mandó a pasar y entraron en conversación. Lucía, hija de René, al ver a Elizabeth la saludo con educación y le preguntó ¿Usted es la hermana de Andrés? y la respuesta no se hizo esperar fue positiva.
René miraba y escuchaba a su hija atentamente. Él sabía quien era Andrés, por supuesto, lo acusó de robarle y por eso estaba preso; lo que él desconocía es que su hija estudiaba con el joven. Se sentaron en la mesa de comedor, Elizabeth no hablaba por ella lo hacía Javier y explicó todo. Intervino Lucía y expresó. "papá yo no sabía que usted había hecho eso, Andrés estudia conmigo y es el muchacho que yo les digo que me ayuda con mis tareas escolares y me explica, es un buen compañero y cómo yo sé que la situación de él no es fácil, yo le regalé 3 Kg de carne y 2 Kg de verdura, mi error fue que no anoté eso en tu cuaderno; pero Andrés no te robó, necesito, por favor, que vayas ahorita mismo papa a retirar la denuncia, para que mi compañero y amigo pueda salir.
Después de la intervención de la señorita Lucía, Javier le digo "Nosotros lo queremos es que el joven salga en libertad, no vamos a proceder jurídicamente; pero usted le hizo mucho daño a ese jovencito". El señor René se fue con ellos a la delegación de la policía y retiró la denuncia. A las 9:30 am de ese día salió en libertad Andrés.
Los tres montados en el carro se dirigieron a la panadería donde trabaja Elizabeth y al llegar, Dionicio ve fijamente a Elizabeth y observa que viene acompañado de su hermano y otra persona que no conocía y justamente fue quien tomo la palabra, se le presentó y le dijo: "Elizabeth trabajó con usted 9 meses y usted la despidió sin causa justificada; pero eso no importa, porque ella no viene a pedir que la empleen nuevamente" "¿Entonces a que viene, qué quiere, qué hace en mi negocio?"
El abogado miró sorprendido el desparpajo del panadero y con actitud calmada y voz firme le manifestó: "Ella simplemente quiere quiere una compensación por el tiempo de servicio, en caso de usted negarse lo vamos a denunciar a la Fiscalía Pública por acoso sexual y tenemos dos testigos a dos damas, entre ellas Elena que actualmente tiene 5 meses de gestación y usted fue quien la embarazó, y después la despidió y todo esto por la fijación sexual que tiene con las trabajadoras". Dionicio estaba molesto y asustado; pero aceptó y propuso pagarle 50 Bs por mes para un total de 450 Bs, pero el abogado subió la oferta a 60, para un total de de 540 Bs, Dionisio aceptí y se los entregó en efectivoque se lo dio en efectivo inmediatamente. A todas estas Elizabeth lloraba de alegría, estaba muy agradecida y abrazando a su hermano le dijo a Javier: "Tú eres un ángel para nosotros, Dios te puso en mi camino. Bien me lo decía el río, eres una buena persona".
Javier escuchaba y sonreía y les dijo; "Ni ángel ni santo, solo soy una persona que quiere ayudar y para que veas la verdad en mis palabras, mañana se presentan los dos en mi oficina, en la cauchera Don Luis, que ya tienen empleo". La joven dama, agradecida lo invito a almorzar en su casa y Javier con mucha humildad le dijo: "muy bien pero vamos a comprar comida hecha, para que no llegues cocinando". Así lo hicieron.
Elizabeth junto con su hermano se adaptaron muy bien a la rutina de trabajo, en un horario que le permitía a Elizabeth retomar sus estudios universitarios y Andrés no interrumpía los estudios de bachillerato. Todo marchaba bien y tan bien que los domingos en la mañana Javier pasaba a recoger a Elizabeth, para pasear por el bosque y llegar hasta el paraje donde por primera vez la vio y le dijo. "Eres la bella dama de la laja del río". Ella sonreía, lo tomó de la mano y lo invitó a sentarse en la laja frente al río.
Sentados mirando el horizonte vieron a las corocoras volar y en especial una que se acercó a ellos y les dijo: "Ya aman a la naturaleza, pero ahora ustedes se tienen que amar", dicho esto emprendió su vuelo, para unirse a la bandada de corocoras de la cual formaba parte. Por otro lado, el Sol fue a buscar a las nubes y llegó hasta la pareja y exclamó: "Siempre iluminaré el camino de ustedes y en su futuro hogar no existirá la oscuridad".
El viento no se hizo esperar y retozando, como siempre lo hacía, con el cabello de la joven dama le susurro al oído: "es un buen hombre, ámalo, él necesita ser amado". El río miró cuando el viento partió y nuevamente detuvo sus aguas y expresó: "Ahora la invitación es para los dos, vengan, por favor, entren en contacto directo con la naturaleza, sin pudor alguno, liberen su sentir, sus emociones, sus pasiones y sean felices,que mis aguas bendecirán por siempre su unión".
Pasó el tiempo, como siempre lo hace, y con su pasar quedan las cenizas, las cuales se reflejan en la cabellera de los enamorados que aún visitan la laja del río.