Wez seguía el mismo lugar tratando de poder encontrar la verdad de lo que estaba pasando allí, sin embargo, el sonido detrás de la puerta roja seguía subiendo, mientras que los otros niños habían desaparecido y Elias lo observaba con una expresión de tristeza, donde de inmediato hablo y añadió —tenemos que irnos, él no puede encontrarnos— pero Wez no sabía a que se estaba refiriendo, ya que era la primera vez que lo veía y sin duda el hombre siguió hablando —Es el verdadero Wez—
Wez remained in the same spot, trying to uncover the truth about what was happening there. Meanwhile, the sound behind the red door grew ever louder. The other children had vanished, and Elias watched him with a look of sadness. "We have to go—he mustn't find us," Elias said. Wez had no idea what he was referring to, as this was the first time they had met. The man continued, "He is the real Wez."
Luego de que ambos hablaron por varios minutos la puerta comenzó a abrirse lentamente, donde lo primero que se vio fue una mano y luego de eso apareció un rostro idéntico al de Wez, como si ya supiera toda la historia. Wez se asustó y el hombre que lo acompañaba dijo —¡No lo mires a los ojos!— sin embargo, ya era demasiado tarde, ya que al verlo Wez recordó la verdad: nunca había escapado de la casa, sino todo lo que había vivido después de aquella noche era una mentira, convirtiendo todo en un juego y por eso nadie entendía.
Pero el rostro que salió de esa puerta el extendió la mano a Wez y comentó —Ven, hermano, es hora de terminar lo que empezamos— palabras que fueron muy extrañas, ya que eso no lo llevaba a nada bueno, además Elias se interpuso y susurró —Corre, Wez porque uno de nosotros debe quedarse enterrado para siempre— pero antes de que sugieran hablando todas las luces se apagaron y al regresar luego de varios minutos volvieron a encenderse, donde una melodía que eran perfectamente violines comenzaron a sonar y ahora solo había una persona en la habitación y nadie podía asegurar cuál de los dos hermanos había salido.
After the two had spoken for several minutes, the door began to open slowly. First, a hand appeared, followed by a face identical to Wez’s—as if the person already knew the whole story. Wez was startled, and the man accompanying him warned, "Don't look him in the eyes!" But it was already too late; upon seeing him, Wez remembered the truth: he had never actually escaped the house. Everything he had experienced since that night had been a lie—a game—which explained why no one else could make sense of it.
The figure that emerged from the doorway extended a hand toward Wez and said, "Come, brother; it’s time to finish what we started." The words were deeply unsettling, promising nothing good. Elias stepped in, whispering, "Run, Wez—one of us must remain buried here forever." Before they could say anything more, all the lights went out. When they flickered back on several minutes later, a melody—played by violins—began to drift through the room. Now, only one person remained, and it was impossible to tell which of the two brothers had emerged.