Amaba mirarse... parecía que el tiempo se suspendía mientras giraba y contoneaba su figura frente a cada ángulo del inmenso y pesado espejo; cuyos bordes finamente labrados con pequeñas figuras aladas de tiernos rostros infantiles y ojos cubiertos por etéreos vendajes suspendidos, la hacían pensar henchida de orgullo, que se cubrían ante ella, pues no podían soportar su esplendor y belleza... Y es que en cierta forma tenia razón, era de un fino talle, alta, espigada, blanca como porcelana, con un rostro salpicado de graciosas pecas, que resaltaban en su pequeña y respingada nariz y en sus suaves y rosados pómulos, sus cabellos rojos como una tarde llena de arreboles, le caían en gruesos bucles por debajo de sus hombros y sus ojos, esos ojos color esmeralda, grandes y vidriosos como si de un par de gemas se tratara, resaltaban a la distancia, dándole una apariencia salvaje y felina... con ellos se miraba por horas y horas en ese espejo, que de pequeña descubrió cuando junto a su madre se mudó a la casa de su desaparecida bisabuela, desde ese momento una extraña adicción o quizás un mágico hechizo la arrastraba a verse, a contemplarse, a admirarse y a idolatrarse. Lo que al principio eran escurridizas escabullidas al diván, ahora le consumían todas y cada una de las horas del día y solo cuando la oscuridad y las penumbras le obligaban a buscar la luz, subía aquellas desvencijadas escaleras y recorría los largos pasillos de esa antigua casa, volviendo a su taciturna realidad. Tal situación le generaba una insospechada ansiedad, así como un desespero incontenible por estar nuevamente frente a ese colosal espejo y volverse a ver...
Llegada la noche cenaba obligada y al irse a dormir soñaba que miles de ojos la observaban, sentía sus penetrantes miradas cargadas de un deseo de poseerla, esas profundas y angustiantes miradas le quemaban, lacerándola en sus propios ojos; esas miradas fugaces, extrañas y diabólicas, dispuestas como ardientes llamas, capaces de transformarla y consumirla, se alineaban de una forma única, casi rectangular; recordándole en los momentos de su inconsciencia, a una imagen extrañamente conocida... Era así, como cada noche, el recurrente delirio volvía a ella y en este y en cada tanto, lograba apreciar un aumento en la cantidad de ojos y el crecimiento de una maldad insondable, que podía sentir a través de los abismos que la veían o del infierno que la quemaba. A su vez y sin entenderlo, se percataba de como su alma era absorbida por medio de su propia mirada, quedando luego su cuerpo tan exhausto y tranquilo, como un apacible e insondable lago, como si ella misma viviera al otro lado de un espejo...
Entonces, amanecía y solo podía revivir su necesidad imperiosa por verse, por reflejarse en aquel rectángulo, finamente decorado y cuidadosamente cubierto tras un pesado manto negro, el cual al descubrirlo, la embelesaba y le hacía olvidarse hasta de su propio existir. Es que era así... su única obsesión era mirarse, verse y encontrarse en ese antiguo y extraño espejo, donde aquellas inocentes figuras escondían su mirada, no de su belleza como ella pensaba, sino de aquellos seres que durante la noches, se roban las miradas y poseen poco a poco, las infelices y trastornadas almas...
Microrrelato: Detrás del Espejo... | Ecency
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