Una tarde lluviosa corriendo en dirección a mi casa, la vi sentada en su diminuto porche, recibiendo en su cara y en su cuerpo esas gotas frías y copiosas de las cuales yo escapaba, un impulso de compasión me hizo dudar y me dirigí hacia su casa en vez del refugio cálido y conocido que significaba la mía.
Al sentir mis pasos presurosos y mis brincos sobre los charcos, abrió sus oscuros y vidriosos ojos y con una sonrisa húmeda me saludo: ¡Hijo quédate con los amigos que esos los escoges tú!, no pude menos que desconcertarme y la empuje con todo y silla hacia dentro de su humilde hogar, su casa pequeña, limpia y despejada como una tarde de sol, se encontraba fuertemente iluminada por un vitral de hermosas colmenas, las cuales reflejaban las chispas de la pequeña y blanca chimenea, allí la tibiez del crepitante fuego y el aroma a pan casero me hacían sentir extrañamente cómodo y abrigado, de repente mientras admiraba esa casita de porcelana que a pesar de nuestros innumerables años como vecinos no conocía, una suave cobija, peluda y multicolor fue puesta sobre mis hombros y con aquellos pasos suaves, imperceptibles y casi mágicos, me fue entregada una taza de un aromático té, dulce y oscuro como esos ojos que me veían.
Sin mediar palabras se sentó y comenzó a explicarme el porqué de aquellas enigmáticas palabras con las cuales despedía o iniciaba sus saludos… Quédate con los amigos que esos los escoges tú… Son decisiones convertidas en abrazos y palabras cálidas cuando tus días parecen estar castigados por la agonía, son las sonrisas con las que optas compartir tus momentos de logro y mayor felicidad, son los nombres que mencionas cuando la ausencia o soledad golpean a tu puerta y alejan como un mantra los temores que te gobiernan, son los cómplices de las miradas perfectas, de las risas picaras y de las frases incompletas, esas que no tienen que ser dichas para que su significado vuele sigiloso, son los hermanos que escoge tu corazón haciendo uso de tu libre albedrío, aquellos con los que sin imposición u obligación decides pasar tus fiestas, te acompañan en tu dolor o atestiguan en el altar de tus audaces días, son aquellos a los que les perdonamos que con sus palabras nos ofendan, porque sabemos que más nadie tendrá la valentía o la osadía de decirnos a la cara aquello que nos negamos a oír, eso y aun a riesgo de perdernos... y solo porque también es su decisión ser nuestros amigos y querernos…
Todo lo demás mi amigo es impuesto, la familia no la escoges y no siempre te acompaña, tu ciudadanía se te da por un azar del destino, tu cultura y tus raíces son herencia de tus ancestros y hasta tu nombre y apellidos son regalos obligados que te dieron a ti tus padres y a mí los míos… Por eso, quédate con los amigos que son tu elección sincera, la decisión de tu alma y tu escogencia verdadera…
Entonces y allí frente a su chimenea, con su corazón lleno de suave sabiduría desbordándose para mi, con un leve, sosegado e imperceptible suspiro, cerro sus ojos y dulcemente murió, había esperado que creciera, que superara mi desatinada adolescencia, hasta que fuese ya un hombre y quizá lo entendiera… ella me había escogido para ser su amigo y enseñarme que la amistad es la única decisión que a lo largo de nuestra vida fielmente nos acompaña y que gracias a ella, nuestro recorrido acá, bien que vale la pena…
_________________________________________________________________________________Dedicado a las luces que me acompañan y a quienes tengo el privilegio de llamar amigos...