La greca no dejaba de emitir su silbante sonido, en tanto su teléfono como el timbre de la puerta comenzaron a sonar persistentemente en un compás de locura y acoso metálico... atormentada por los ruidos, la ferrosa he indetenible sangre y el dolor que iba en aumento, tomo en un grito desesperado su cabeza entre sus manos y sin importarle que manchaba su rostro y fina ropa, con esa tibia y espesa sangre, se dirigió como en un trance hasta su botiquín, ansiosa por tomar algo que le quitara el dolor y borrara ese palpitar que tanto le martirizaba, al llegar a este, su rostro desencajado y casi espectral se desdibujo en el minúsculo espejo que fungía como puerta, haciéndola dudar de su decisión...
Sin embargo, estiró su mano hacia el ansiado frasco y con la poca fuerza que aun tenia lo destapó, inicio con una pastilla pero pensó que quizás dos le ayudarían, se colocó una tercera en los labios y sin estar segura de lo que hacía ingirió una cuarta, una quinta, una sexta y así continúo hasta que una pesadez extraña, profunda y violenta se apodero de ella, tumbándola en un sórdido golpe y aun con la botella en sus manos...
El día transcurrió y con él la certeza del final… Todo había acabado… Había llegado la noche y con ella había concluido ese aciago día... Horas y silencio nada más…
Al rayar el alba despertó atontada rodeada de un sabor amargo y un fuerte olor a vómito, la sangre de su mano no estaba y la pulsación cruel de su cabeza se había ido, solo permanecía como manifiesto de lo ocurrido la botella a su lado… y es que todo no había sido más que una pesadilla, uno de sus tantos delirium tremens, algún recuerdo de su buen pasado, una combinación extraña de los demonios de sus borracheras y los fantasmas de sus pecados…