Relato: En medio de la neblina

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Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels

Aurelia cerró con cuidado la reja de la casa.

No sabía qué hora era, pero a juzgar por la luz tenue en el horizonte, dedujo que estaría amaneciendo. Le había dicho a sus familiares el día anterior que se iría temprano a una entrevista de trabajo en una escuela que se encontraba más allá del norte de la ciudad.

Era una mentira.

No se iba a ninguna entrevista. No iba a buscar un trabajo más. No iba ni siquiera a más allá del norte. Solo lo dijo para salir del paso y quitarse de encima tantos cuestionamientos que, lejos de ayudarla aunque sea, le dejaban inseguridades.

Estaba harta de estar lidiando con esos cuestionamientos. Entendía que debía contribuir a los gastos de la casa; por algo había agarrado dos trabajos temporales que le permitieran aguantar seis meses en lo que encontraba uno de docencia y pudiera emprender en forma, sin tanto impedimento. El problema era que no solo sus familiares la cuestionaban mucho; sus amistades parecían seguir ese mismo patrón, sobre todo en temas de relaciones amorosas.

Por eso optó por salir de casa esa mañana, en plena neblina. Iba vestida con su blusa roja, sus pantalones de mezclilla; en el hombro llevaba una mochila, bajo el argumento de que aprovecharía regresar al centro para poder hacer su primer trabajo de medio tiempo después de la entrevista, pues ya había avisado a su jefe que entraría a realizar las llamadas más tarde.

Por supuesto, en realidad ella no quería entrar a trabajar. Se sentía asfixiada, sin poder hablar con nadie que no la tratara con condescendencia. Sentía que todo le daba vueltas, que estaba a punto de explotar, de gritar, de romper todo, de asesinar a alguien.

Pero algo impedía que explotara. Quizás su exceso de autocontrol. Quizás la conciencia de que las consecuencias serían devastadoras.

O quizás porque sabía que ella moriría en cualquier momento, sea por un accidente, por enfermedad o por su propia mano.

Porque el mundo en el que vivía era uno donde la soberanía sobre la tierra poco a poco estaba dejando de existir, donde unos pocos quieren decir sobre millones de vidas y donde la gente, conocedora de esto y otras oscuras situaciones, estaba más preocupada por producir que por vivir.

Necesitaba tomarse un respiro, desaparecer todo el día... O quizás para siempre.

Que nadie la buscara, que nadie le llamara. Simplemente que la dejaran ir, que la dejaran en paz.

La gente la juzgaría por infantil, por inmadura, por sobreprotegida, por mimada, por lo que se quisiera. Y ella decidió que le importaba una mierda; que la gente se fuera al infierno con todo y sus opiniones.

Suspiró hondamente mientras se levantaba del banco del parque. Contempló la neblina que estaba delante de ella; volvió su mirada hacia atrás, como si con la mirada se despidiera de todo lo que conocía.

"Bien... Vayamos al centro", musitó mientras se adentraba en la neblina, desapareciendo como una sombra en la oscuridad de la noche.