En mis tiempos libres suelo escribir. Realmente disfruto plasmar cualquier loca idea que me venga a la mente. Aqui les dejo uno de mis escritos de hace bastante tiempo. le titulé: Feliz Aniversario. Leánlo, espero que les guste y dejen su opinión.
Feliz Aniversario
La melodía de mi celular me arruinó el día tras contestar esa llamada; No pude evitar echarme a llorar...
Esa misma tarde preparé la cena, pues la chica de mis sueños se sentaría hoy en mi mesa a disfrutar de nuestro 1er Aniversario. Que rápido pasa el tiempo, ya un año con la mujer que se ha robado un sinfín de veces mi sonrisa y mi corazón. Para la cena, preparé su comida favorita, filete de pavo con una rica ensalada caprese, y de postre, un brownie con helado con el que cerraría la velada, seguido de una noche de películas y quizás, si tengo suerte, tomar su virginidad.
No soy el mejor cocinero, pero definitivamente me he esmerado el día de hoy, y hasta ahora todo sale como lo esperé. Miro mi reloj y aún hay tiempo, tomo las llaves de mi auto y enseguida me dirijo al bodegón de la cuadra para elegir el mejor vino, un vino digno de mi chica y la celebración. Ya con el vino mano, regreso a mi casa, es hora de ducharme y desempolvar mi viejo, pero elegante traje que vestiré esta noche.
Dos puff de mi perfume favorito y estoy listo; e inmediatamente escucho 2 golpes sutiles de la puerta. Voy a toda a prisa, y al abrirla, me encuentro con la mujer más hermosa que existe en el mundo, mi novia había llegado. Al verle, mis ojos se iluminan y rápidamente me acerco a saborear sus labios. Pasaron un par de minutos de ese puro y largo beso, cuanto tomo su delicada y la invito a pasar. La acompaño del brazo hacia la mesa, pidiéndole que cierre sus ojos, separo la silla, y con cuidado le ayudo a sentarse; llegó el momento de abrir sus ojos y encontrarse con la sorpresa. Un gran banquete servido en la mesa, la envidia de cualquier restaurant. Muy impresionada por la sorpresa y al ver que se trataba de su menú favorito, no pudo evitar derramar unas lágrimas de felicidad plena. No podemos perder tiempo, la comida se enfría, y debemos aprovechar.
La velada estuvo increíble, los mejores temas de conversación, acompañados de un fino vino y una exquisita comida, y claro, lo más importante la más hermosa compañera.
Ya satisfechos con la comida, pasamos a la sala a reclinarnos en el sofá. Nos pusimos cómodos, olvidé la elegancia sacando mi saco y desajustando mi camisa, mientras ella se liberaba de esos enormes tacones rojos que vestía. Ya cómodos en el sofá continuamos la charla, mientras seguíamos deleitándonos del espléndido vino. Copa tras copa, y sentíamos como nuestros cuerpos se llenaban de calentura y pasión. Mis ojos ardientes llenos de amor pero sumergidos en un mar de lujuria, la miraban fijamente a sus labios. No pasó mucho tiempo en desbordarse el deseo, y enseguida, me balanceé sobre ella capturando sus labios en un movimiento. Beso tras besos, caricias y toques. Toques en los más recónditos lugares de nuestro cuerpo, palpando esas áreas inexploradas que tanto anhelábamos descubrir. Siguiendo el momento, uno de mis sentidos sintió envidia del tacto, pues la vista también quería deleitarse, y poco a poco fuimos desprendiéndonos de nuestras ropas, para finalmente estar expuestos el uno al otro como Dios nos trajo al mundo.
Llego el momento de disfrute para el resto de mis sentidos, poco a poco fui bajando de su boca a su cuello, besando cada parte sin pensar, deleitándome con un su olor y saboreando su cuerpo en cada paso. No puedo ser egoísta, ya la audición aclama su premio, y poco a poco deslizo mi lengua hacia su fruto prohibido para por fin escuchar esa sinfonía orgásmica deseada, para después tomar el verdadero trofeo de la noche y hacerla sentir mujer por primera vez…
Exhaustos por el encuentro, se recuesta sobre mi pecho quedándose profundamente dormida. Tiempo más tarde, con un sutil suspiro me despierto, y cuidadosamente me levanto para dirigirme a mi alcoba. Ya en lugar, busco en mi lugar secreto una pequeña llave que abre el último cajón de mi gavetero, y continuo la hazaña para buscar mi herramienta de trabajo.
De regreso nuevamente a la sala, me coloco frente a ella, y le doy un tierno beso en su frente que termina despertándole, y con algunas lágrimas en mis ojos menciono unas últimas pero sinceras palabras:
Camino con la cabeza hacia abajo al comedor… Paso, a paso, el camino parece eterno… Estando allí, me siento en una silla, suspiro, y recuerdo el postre que está en el refrigerador; nuevamente me levanto y en su búsqueda suena nuevamente mi teléfono, y solo contesto para decir: