Las luces pasan veloces, fusionadas con rostros desconocidos y mi reflejo. Me veo, leo mi tristeza, mi cara de agotamiento luego de cuatro días seguidos de ensayo, cierro los ojos para aliviar mi estrés, mal humorada porque no hay aire en el vagón pero por suerte logre ir sentada en el maldito metro, beneficio que solo obtienes si tomas la decisión no muy recomendada en Venezuela de regresar a tu casa de noche.
Corren las luces y abstengo mi tristeza hasta llegar a Plaza Venezuela, la estación central, vuelve la sensación de no saber bien a donde ir, de preguntarme donde me recibirán mejor, balanceándome en la incertidumbre de no tener un techo al cual llamar mio . Pasando de casa en casa, un día aquí y otro allá, con la espalda adolorida de llevar tanto peso en el bolso, lleno de ropa y cuadernos. Afligida y perdida, en resumen así me siento.
Los días pasan y camino con la mirada hacia el suelo, apagada, muchos me dicen "¿Qué tienes Ori? tienes cara de sueño..¿o acaso es tristeza?" A algunos les doy el resumen y otras veces simplemente no quiero hablar. Mi padre me repite "No te preocupes, todo se va a arreglar, enfócate en tus estudios que todo estará bien" y yo intento sonreír, en mi esfuerzo por complacer su buena fé.
Fotografía de mi autoria, tomada con teléfono Orinoquia.