No le miento.
A veces me siento ajeno;
ajeno a este mundo,
ajeno a mí mismo,
ajeno a todo.
Soy como
un extranjero;
sin nombre,
sin rostro,
sin sangre,
sin patria,
sin identidad,
un desconocido.
¿Es normal desterrarme a mí mismo
y luego amar a ese desconocido?
Le quiero, le odio, le vuelvo a querer.
Pero esta tierra donde nací, en un parpadeo,
ya no es la misma tierra, es otra, soy otro.
Pero mi madre me toma el rostro y me dice:
"Déjate de locuras, yo te conozco, sé quién eres,
aunque dejaras de ser el que eres, no cambias conmigo".
Amo a esa desconocida que es mi madre, me conoce,
conoce a ese desconocido que soy, que amo y odio.
Y luego, entiendo, que ella nunca será una desconocida,
es la mujer que mejor conozco sobre todas las mujeres.
Siempre seré el niño de sus ojos, pase lo que pase.
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