Seguimos por aquí con las historias, mi gente. Aquí la número ocho.
Así las cosas, pidió colaboración de amigos y familiares a quienes informó de sus planes de matar al religioso.
El matachín se fue a su casa y se metió en la cama fingiendo estar enfermo de gravedad y que requería la presencia de Fray Nicolás de Odena para que le administrase los santos óleos.
Fueron así los cómplices a la casa parroquial porque el franciscano era el cura de las almas de Cantaura. Le dijeron que se requería de sus oficios y se encaminó el cura junto a los hombres al lugar indicado para la tragedia.
En la puerta de la vivienda se quedaron los cómplices esperando el fatal y sangriento desenlace que no podía ser otro que la muerte del franciscano.
Pero sucedió que un par de minutos después regresó el padre y les dijo con elevada tranquilidad: "Hijos míos, me habéis traído para auxiliar a un enfermo, pero le he hablado, le he sacudido esperando su incorporación para prestarle los debidos auxilios, pero el hombre está muerto".
Comba Yamba!!!