Cuando el canibalismo social se bebe hasta lo último de nuestra savia ¿Qué hacemos?
No tienes cuadro donde esconder la podredumbre.
Tu maldad se sienta en la sala de espera
y te mira con los ojos de un niño con fiebre.
Veinticuatro horas.
Guardia, familia, amigos,
sociedad que te susurra al oído:
"Tú juraste."
Y tú juraste, sí.
Pero no incluía ser devorada
por la inflación que lame los bordes de tu sueldo.
Tu tiempo no es caridad.
Es la única moneda que no se devalúa
y la regalas,
la regalan, como si sobrara.
Mueres en cuotas invisibles a tu cartera.
La culpa se viste también de "caridad",
"Ellos no pueden."
Te respondes, "¿Y yo?"
Pero no escuchas vestido de silencio cómplice.
El diagnóstico por WhatsApp,
la receta en la cena de Navidad,
el "¿Puedes mirarme esto?"
mientras el vino se enfría.
No es amor,
es extracción de tu alma,
es el marasmo de vida.
Y te pudres,
y el espejo no alcanza,
lloras pus.
No puedes salvar a todos.
El héroe se quema.
El héroe es noticia de infarto.
No hay medalla,
solo una cama vacía.
Una madre sin hijo,
Un hijo huérfano de compañía,
un esposo olvidado.
Haz triaje.
Deriva.
Di no.
El no es el sí que necesitas oír.
Que se pudra en la boca de los que piden más.
No vas a cambiar el caos.
No vas a bajar los precios del arroz ni del aceite.
No vas a detener a esa sociedad que se devora a sí misma
mientras aplaude a los santos muertos.
Pero debes seguir viva,
con tus manos prestas a salvar,
la cabeza clara,
y el corazón sin rencor.
En este infierno,
la única victoria posible
es dar lo que puedes
y no morir en el intento de ser más.
Ahora.
Mañana.
Poda.
Di no.
Y duerme.
Poema inédito de @camelia28