Publicado en Español, Inglés y Portugués.
Buenas noches, dulces sueños. Les deseo una linda jornada mañana.
Cómo bien nos tiene acostumbrados el amigo @emiliorios, sus reflexiones y propuestas son bien recibidas por todos.
Definitivamente nos empuja a pensar, a disentir y concordar, así, como debe ser para que exista una verdadera evolución del ser.
El autocontrol, tema que al menos a mi, me trae enseñanzas agradables y también dolorosas.
Sufrí mucho por mantener autocontrol contra viento y marea hasta que se somatizó y quedé enferma. Entonces me di cuenta que necesitaba un equilibrio sino terminaría en condiciones deplorables de salud.
Esa idea, que al menos yo tenía, de que el autocontrol es una especie de superpoder que debemos activar las 24 horas del día, me pasó factura.
Si te enfadas y sueltas una verdad incómoda, eres un impulsivo, quieres tomarte otro cafecito, eres un esclavo del deseo. Nos han vendido el estereotipo de que una persona madura es aquella que siente el impulso, mira a los ojos, saluda con la mano y sigue derecho como si nada y no es así tan fácil.
No niego, amigos, que el autocontrol nos salva. Nos salva de mandar a la mierda a nuestro jefe, de gastar más de lo que debemos, de enviar ese mensaje cuando estamos con la cabeza ardiendo. El autocontrol es un seguro de vida social, pero hay un problema, ya les dije, cuando convertimos ese seguro en una prisión, la cuenta la pagamos nosotros.
El problema no es controlarse, es creer que hay que controlarse siempre, pase lo que pase.
Voy con un ejemplo real. Llegas a tu casa después de un día de esos en lo que todo ha salido mal pues has discutido en el trabajo, el absurdo del jefe da orientaciones obtusas, el transporte está fatal, no pasa tu ruta y tienes que pagar un dineral para llegar a casa. Llegas, con deseos de una ducha, un cafe y unos minutos de silencio y resulta que no hay agua, el gas se acabó. Ahí, a cualquiera le dan ganas de gritar y caerle a puñetazos a lo primero que se encuentre, pero respiras y te dices que no debe ser así, que hay que controlarse. Te sientas, respiras, sonríes. Te bañas con un balde y un jarrito, tomas agua y mañana será un día mejor.
Mentiraaaaaaaaa...
¿Qué has logrado? ¿Quedar bien contigo?Has mantenido una paz ficticia, pero dentro te está creciendo un monstruo que luego, explota. Porque guardarte todo no es autocontrol, es una bomba de relojería con una mecha muy corta.
La psicología, no defiende el control absoluto mas bien defiende la flexibilidad. Hay contextos donde soltar es más inteligente que contener, porque el autocontrol no es gratis. Usarlo cuesta, cansa y desgasta. Cuando estás todo el día frenándote, llegas a la noche vacía, sin paciencia para nadie, con la cabeza llena de ruido. Y entonces ese "control" que tanto cuidaste te juega en contra, porque terminas reaccionando peor de lo que habrías hecho si hubieras soltado un "estoy hartaaaaaa.." a tiempo.
No estoy diciendo que debemos convertirnos en un estúpidos integrales que sueltan todo lo que les pasa por la cabeza. A mi parecer, el autocontrol tiene que tener un botón de pausa, pero también uno de expulsión. Hay veces que hay que dejar que salga el aire antes de que reviente la olla. No por gusto las ollas a presión tienen válvulas de seguridad, nosotros a veces funcionamos igual. Si la presión es mucha la válvula deja escapar el exceso.
La gente no respeta al que nunca se enfada. Respeta al que sabe cuándo hacerlo. No es confiable en el dice que siempre está bien, tú confías en el que te dice "hoy estoy hecho mierda, no me molestes" y al día siguiente es el mismo de siempre.
Entonces, amigos y amigas, según mi experiencia debes dejar de medir tu valía por cuánto aguantas. El autocontrol no es una carrera de fondo, podemos verlo como un baile donde a veces hay que seguir el ritmo, y a veces hay que parar, respirar hondo y decir lo que hay que decir, aunque tiembles. Mi criterio es que el verdadero control no es no sentir, es elegir qué hacer con lo que sientes, que a veces, lo más sano que puedes hacer es dejar de controlar y empezar a soltar.
Suelta, que eso también es control, sin dejar la cordura y la madurez del verdadero autocontrol.
Good evening, sweet dreams. I wish you all a lovely day tomorrow.
As our friend @emiliorios has gotten us used to, his reflections and proposals are well received by everyone. He definitely pushes us to think, to disagree and to agree — just as it should be for there to be a true evolution of the self.
Self-control — a topic that, at least for me, brings both pleasant and painful lessons. I suffered greatly from maintaining self-control against all odds, until it became somatized and I got sick. Then I realized I needed balance, otherwise I'd end up in deplorable health conditions.
That idea — at least the one I had — that self-control is some kind of superpower we must activate 24/7, took its toll on me.
If you get angry and blurt out an uncomfortable truth, you're impulsive. If you want another little coffee, you're a slave to desire. We've been sold the stereotype that a mature person is one who feels the impulse, looks you in the eye, waves hello, and keeps walking straight as if nothing happened — and it's not that simple.
I won't deny, friends, that self-control saves us. It saves us from telling our boss to go to hell, from spending more than we should, from sending that message when our head is burning. Self-control is a social life insurance — but there's a problem, as I already told you: when we turn that insurance into a prison, we pay the price.
The problem isn't controlling yourself — it's believing you have to control yourself always, no matter what.
Let me give you a real example. You get home after one of those days where everything went wrong — you argued at work, your boss gives obtuse instructions, public transport is a nightmare, your route isn't running and you have to pay a fortune to get home. You arrive, longing for a shower, a coffee, and a few minutes of silence — and it turns out there's no water, the gas has run out. Right then, anyone would want to scream and punch the first thing they see — but you breathe and tell yourself it shouldn't be that way, that you have to control yourself. You sit down, breathe, smile. You shower with a bucket and a small jug, you drink water, and tomorrow will be a better day.
Lies!
What have you achieved? Feeling good about yourself? You've maintained a fictitious peace, but inside, a monster is growing that will eventually explode. Because bottling everything up isn't self-control — it's a time bomb with a very short fuse.
Psychology doesn't defend absolute control; it defends flexibility. There are contexts where letting go is smarter than holding back, because self-control isn't free. Using it costs energy, tires you out, and wears you down. When you spend all day holding yourself back, you end up empty at night, with no patience for anyone, your head full of noise. And then that "control" you so carefully guarded turns against you, because you end up reacting worse than you would have if you'd just said "I'm so done..." in time.
I'm not saying we should become complete idiots who blurt out everything that crosses their minds. In my view, self-control needs a pause button, but also a release button. Sometimes you have to let the steam out before the pot explodes. Pressure cookers have safety valves for a reason — we sometimes work the same way. If the pressure is too high, the valve lets the excess escape.
People don't respect someone who never gets angry. They respect someone who knows when to. You don't trust the person who always says they're fine — you trust the one who says "I'm feeling like shit today, don't bother me" and the next day is back to their usual self.
So, friends, based on my experience, you should stop measuring your worth by how much you can endure. Self-control isn't a marathon — we can see it as a dance, where sometimes you have to follow the rhythm, and sometimes you have to stop, take a deep breath, and say what needs to be said, even if you're trembling. My take is that true control isn't not feeling — it's choosing what to do with what you feel. And sometimes, the healthiest thing you can do is stop controlling and start letting go.
Let go, because that too is control — without losing the sanity and maturity of true self-control.
Boa noite, bons sonhos. Desejo a todos um lindo dia amanhã.
Como bem nos tem habituado o amigo @emiliorios, as suas reflexões e propostas são bem recebidas por todos. Ele definitivamente nos empurra a pensar, a discordar e a concordar — assim como deve ser para que exista uma verdadeira evolução do ser.
O autocontrolo — um tema que, pelo menos para mim, traz ensinamentos agradáveis e dolorosos. Sofri muito por manter o autocontrolo contra ventos e marés, até que se somatizou e eu adoeci. Então percebi que precisava de equilíbrio, senão acabaria em condições de saúde deploráveis.
Essa ideia — que pelo menos eu tinha — de que o autocontrolo é uma espécie de superpoder que devemos ativar 24 horas por dia, cobrou-me o preço.
Se te irritas e largas uma verdade incómoda, és impulsivo. Queres tomar mais um cafezinho, és escravo do desejo. Venderam-nos o estereótipo de que uma pessoa madura é aquela que sente o impulso, olha nos olhos, cumprimenta com a mão e segue em frente como se nada fosse — e não é assim tão fácil.
Não nego, amigos, que o autocontrolo nos salva. Salva-nos de mandar o nosso chefe à merda, de gastar mais do que devemos, de enviar aquela mensagem quando estamos com a cabeça a arder. O autocontrolo é um seguro de vida social — mas há um problema, como já disse: quando transformamos esse seguro numa prisão, a conta é paga por nós.
O problema não é controlar-se — é acreditar que temos de nos controlar sempre, aconteça o que acontecer.
Vou dar um exemplo real. Chegas a casa depois de um daqueles dias em que tudo correu mal — discutiste no trabalho, o chefe dá orientações obtusas, o transporte está péssimo, a tua rota não passa e tens de pagar uma fortuna para chegar a casa. Chegas, com vontade de um banho, um café e uns minutos de silêncio — e acontece que não há água, o gás acabou. Aí, qualquer um tem vontade de gritar e partir para a porrada com o que aparecer pela frente — mas respiras e dizes a ti mesmo que não deve ser assim, que tens de te controlar. Senta-te, respira, sorri. Tomas banho com um balde e um jarro, bebes água e amanhã será um dia melhor.
Mentira!
O que alcançaste? Ficar bem contigo mesmo? Mantiveste uma paz fictícia, mas dentro de ti está a crescer um monstro que mais cedo ou mais tarde explode. Porque guardar tudo para ti não é autocontrolo — é uma bomba-relógio com um pavio muito curto.
A psicologia não defende o controlo absoluto, mas sim a flexibilidade. Há contextos em que soltar é mais inteligente do que conter, porque o autocontrolo não é grátis. Usá-lo custa, cansa e desgasta. Quando passas o dia inteiro a travar-te, chegas à noite vazio, sem paciência para ninguém, com a cabeça cheia de ruído. E então esse "controlo" que tanto cuidaste vira-se contra ti, porque acabas por reagir pior do que terias feito se tivesses soltado um "estou fartaaaaaa..." a tempo.
Não estou a dizer que devemos tornar-nos em idiotas completos que largam tudo o que lhes passa pela cabeça. Na minha opinião, o autocontrolo precisa de um botão de pausa, mas também de um de expulsão. Há vezes em que temos de deixar sair o ar antes que a panela rebente. Não é à toa que as panelas de pressão têm válvulas de segurança — nós às vezes funcionamos igual. Se a pressão é muita, a válvula deixa escapar o excesso.
As pessoas não respeitam quem nunca se irrita. Respeitam quem sabe quando o fazer. Não confias em quem diz que está sempre bem — confias em quem te diz "hoje estou feito merda, não me chateies" e no dia seguinte é o mesmo de sempre.
Portanto, amigos e amigas, segundo a minha experiência, deves parar de medir o teu valor pelo quanto aguentas. O autocontrolo não én uma corrida de fundo — podemos vê-lo como uma dança onde às vezes temos de seguir o ritmo, e às vezes temos de parar, respirar fundo e dizer o que há a dizer, mesmo que tremamos. A minha opinião é que o verdadeiro controlo não é não sentir — é escolher o que fazer com o que sentes. E que, às vezes, o mais saudável que podes fazer é deixar de controlar e começar a soltar.
Solta, que isso também é controlo — sem perder a sanidade e a maturidade do verdadeiro autocontrolo.