Desde la etapa de mi infancia hasta la adolescencia,los deportes tuvieron un lugar muy especial en mi rutina. Crecí rodeado de un grupo de compañeros y vecinos a quienes también les gustaba compartir y competir de manera sana y de forma constante. Béisbol, Voleibol, fútbol y muchos juegos tradicionales se convertían en una cita a la que todos deseábamos asistir incluso si eso significara escaparse de casa sin permiso de nuestros padres. A cada época del año nos adaptamos según el deporte que más se practicara para ese entonces, y en medio de la competitividad cultivamos una relación muy bonita que con el tiempo nos llevó a tratarnos y querernos como hermanos.
Es natural que al hablar de los juegos todos queramos ganar y nadie desee perder, pero sabemos que el resultado siempre será bueno para unos y no tanto para otros. También es normal que dentro de un grupo esté esa persona que sobresalga más, como ese jugador favorito a quien todos desean tener en su equipo. Incluso de manera consciente cada persona se hace una escala de mayor a menor, desde el jugador sobresaliente hasta el menos hábil, y también se da el caso de que dentro del grupo hay alguien que parece hacerlo bien en cualquier juego. No era una especie de comodín, sino que realmente es esa persona que logra desempeñar su papel de jugador en una excelente forma que lo lleva a ser tomado en cuenta y sin poder pasar de manera desapercibida.
From my childhood through my teenage years, sports held a very special place in my daily life. I grew up surrounded by a group of friends and neighbors who also enjoyed playing together and competing in a healthy and consistent way. Baseball, volleyball, soccer, and many traditional games became events we all looked forward to, even if it meant sneaking out of the house without our parents’ permission. Depending on the time of year, we adapted to whichever sport was most popular at the time, and amid the competition, we cultivated a wonderful bond that, over time, led us to treat and love one another like siblings.
It’s natural that when we talk about games, we all want to win and no one wants to lose, but we know that the outcome will always be good for some and not so good for others. It’s also normal for there to be that one person in a group who stands out the most—like that favorite player everyone wants on their team. Even subconsciously, everyone ranks players from best to worst—from the standout player to the least skilled one—and there’s also the case where someone in the group seems to do well at any game. This person isn’t just a wild card; they’re truly the one who plays their role so excellently that they stand out and can’t go unnoticed.
Un detalle muy especial era la manera en la que hacíamos para poder contar con lo necesario para jugar. Si era béisbol, hacíamos pelotas con medias rellenas de trapos, y el bate era de madera tallada por alguno de nosotros. Quizás el sacrificio más grande era cuando se trataba del fútbol porque debíamos reunir para comprar el balón. Muchos de nosotros no podíamos agarrar los zapatos de la escuela para jugar así que jugábamos descalzos, y aún si lograbamos tener zapatos deportivos, por lo menos en mi caso no los usaba tanto por si más adelante tocaba jugar algún torneo en otro lugar. Así mismo lo hacían mis otros compañeros, pero lo que nunca pasaba por nuestra mente era dejar de jugar por no tener un calzado para ponernos.
Ya en plena adolescencia el nivel de juego y competitividad creció. Ahora no jugábamos en la calle frente a la casa sino que nos íbamos a otros sectores para jugar contra otros. En algunos casos llegábamos a apostar pero mayormente lo hacíamos por competir y demostrar lo bueno que éramos en los deportes. Uno de los deportes tradicionales que más jugábamos era béisbol pero bateando con las manos, mientras que otro era el de rebotar una pelota de goma en la pared mientras el otro jugador la atrapa. Estos juegos eran bastante emocionantes al punto de que yo en mi casa me ponía a practicar solo para estar mejor preparado. Y un juego más, tenía que ver con las metras y vaya que aquí la competencia era aún mayor porque todo se trataba de cuánto pulso y puntería podrías tener para derrotar a los demás.
One very special detail was the way we managed to get what we needed to play. If it was baseball, we’d make balls out of socks stuffed with rags, and the bat was a piece of wood carved by one of us. Perhaps the biggest sacrifice was when it came to soccer, because we had to pool our money to buy the ball. Many of us couldn’t take our school shoes to play, so we played barefoot, and even if we managed to get sneakers—at least in my case—I didn’t wear them much in case we had to play in a tournament somewhere else later on. My teammates did the same, but it never crossed our minds to stop playing just because we didn’t have shoes to wear.
Once we were well into our teens, the level of play and competitiveness increased. We no longer played on the street in front of our house; instead, we would go to other neighborhoods to play against other kids. Sometimes we’d even place bets, but mostly we did it to compete and show how good we were at sports. One of the traditional sports we played most often was baseball—but we’d hit the ball with our hands—while another involved bouncing a rubber ball off the wall while another player caught it. These games were so exciting that I’d practice at home on my own just to be better prepared. And one more game involved the “metras”—and boy, was the competition even fiercer here, because it was all about how steady your hand and how good your aim were to beat the others.
¿Alguna vez discutimos o tuvimos diferencias en medio del juego? Si. ¿Hasta qué grado llegamos a sentirnos molestos por cierta jugada? En ocasiones hasta quisimos pelear y dejar de jugar con cierta persona en particular. Aún así, lo bonito de toda esta experiencia es que al día siguiente allí estábamos nuevamente, quizás no disculpandonos de manera directa pero aceptando que lo pasado simplemente fue una reacción por el juego. Todo quedaba atrás y hasta con gestos de bromas hacíamos mención de lo ocurrido, dejando las cosas en el pasado y tratando de evitar que se repitieran. Poniendo a un lado ciertas reacciones violentas, jamás perdimos la amistad y ese vínculo que ya desde niños habíamos cultivado.
Aunque ya son tiempos pasados, los efectos de toda esa experiencia sigue latiendo en un lugar especial de mi corazón. No sólo creció la amistad, sino que nos convertimos en una especie de familia que en cada encuentro estrechabamos y compartíamos un bonito sentimiento. Muchos de nosotros aún nos comunicamos y mantenemos una relación muy familiar, y cada vez que tenemos la oportunidad de reunirnos enseguida brotan esos recuerdos que desde el enfoque de cada uno de nosotros concuerdan en que fueron momentos dignos de comentar. Más allá de los juegos y la competencia, éramos una especie de familia que disfrutamos a plenitud esas etapas de la vida que suelen incluso marcar nuestra existencia.
Did we ever argue or have disagreements during the game? Yes. How upset did we get over a certain play? Sometimes we even wanted to fight and stop playing with a particular person. Even so, the beauty of this whole experience is that the next day we were back at it again—maybe not apologizing directly, but accepting that what happened was simply a reaction to the game. We put it all behind us and even joked about what had happened, leaving things in the past and trying to prevent them from happening again. Setting aside certain heated reactions, we never lost our friendship or that bond we’d cultivated since we were kids.
Although those days are long gone, the effects of that entire experience still live on in a special place in my heart. Not only did our friendship grow, but we also became a sort of family—one that grew closer and shared a beautiful bond every time we met. Many of us still keep in touch and maintain a very close bond, and every time we have the chance to get together, those memories immediately come flooding back—and from each of our perspectives, we all agree that those were moments worth talking about. Beyond the games and the competition, we were like a family who fully enjoyed those stages of life that often even shape our very existence.
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