Una escena me recordó a usted hoy.
Su agónica protagonista imploraba un día más de vida, se retorcía palideciendo su semblante por el dolor.
Lo mas justo hubiese sido acabar con su miseria, simple y rápidamente, pero en lugar de eso, quise observar.
Impasible y tranquilo esperaba el desenlace de su tragedia, "soy un simple observador" pensé, pero estaba muy equivocado; mi inercia era su tortura. Fue entonces, que realicé lo similar, que fue aquel acto a nuestra relación, conmigo encarnando tu personaje (aunque sin tanta gracia como su autora), y los restos de la mujer frente a mí, haciendo mi papel ¡Que ingenuo fui!. Entonces, la saliva que había llegado a mi rostro desde su boca me despabiló; entré en razón, tomé su pulso, pero ya era muy tarde.
Limpié la sangre seca en mis manos y cogí la pala...
Había comprado la compañía de Lucifer por la eternidad.
Relato original de: Mauricio Lombano - @blavin
Ilustración y fotografía cedida por su autora: Helen Marcano - Instagram