El niño tuvo cientos de amigos artificiales, y aunque es natural que las cosas que te rodeen a diario te interesen, el interés del niño en los muñecos era genuino. Los años pasaron y la técnica del joven se refinó, el también era capaz de hacer títeres como los de su padre, que asombraran a toda la comunidad, pero sus aspiraciones llegaban mas alto que el asombro de algunas decenas; el soñaba con diseñar un títere que se sintiera humano. Gracias a los avances tecnológicos su técnica mejoraba, eran androides ahora, de tamaño humano, pero demasiado mecánicos para lo que el joven deseaba.
El talento de Marco fue conocido, dejo el pueblo y se integró en mejores comunidades, tenía una mejor, un mejor taller, y mejores invenciones. Asistió un día a una convención en la que varios artistas de la mecánica como el participaban, uno en particular exhibía un androide con una singular personalidad, eso inspiro a marco, con tal androide se podía hablar y simpatizar, mas el sabia que la esencia de la humanidad no es la empatía. La tarea de Marco era sumamente difícil, pues poder recrear algo que no entiendes, es bastante complejo. Tras largas noches, días extensos, y arduo trabajo Marco al fin creía que lo lograría, en su taller, sobre una camilla, estaba su androide casi terminado, una pieza más era necesaria, pieza que Marco abandono en su antiguo taller, aquel que su padre le heredo. Se dirigió entonces a buscarlo, tras abrir las puertas, su asombro le obligó a soltar un alarido, al fondo del salón un esqueleto, sentado sobre una gran silla de madera, con los brazos reposando y en su mano, esa pieza que la creación de Marco buscaba.
Este escrito de mi autoria @blavin
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