Encerrada, así estoy, en un cuarto oscuro al que por mi voluntad decidí entrar, con una vela encendida lo logré iluminar, lamentablemente no me di cuenta que el tiempo y los problemas la podrían apagar. Y así fue.
Ahora encerrada quedé, buscando salidas que hasta ahora no hallé. Intentando escapar desde ese día estoy, pero no me es posible porque en un hueco sin fin me encuentro yo.
Si camino hacia la izquierda encuentro mal humor, si camino a la derecha hallo depresión. Si hago lo que quiero juzgada soy y al fondo del hueco, al abismo lanzada soy. Estas paredes son lisas, muy difíciles de escalar, nadie me escucha, nadie lo podría comprender, sí, es que tanto tiempo viviendo en este dolor y solo ahora me doy cuenta que todo era ficción.
¿En realidad esto pasó? Eso creo, y ahora toda esta oscuridad me envuelve. Se preguntan: ¿has intentado salir? Por supuesto, no hay un día en que no lo haya hecho, pero cada vez que voy a llegar al borde para al fin ver la luz, tengo un desliz y con el estómago en la mano que domina todo en mí, regreso al jardín que un día mi vida iluminó, pero que hoy se ha convertido en mi eterno infierno.
Este es el primer fragmento de uno de los primeros secretos que me contaron mis gusanitos y pues quise compartirlo con ustedes porque es con el que me siento más identificada. Como dije nada es personal, pero también podría serlo ¿por qué no? si todos a lo largo de nuestras vidas nos encontramos con personas, problemas o cualquier dificultad, pero a estos mis gusanillos prefieren llamarlos “abismo”.
Espero que lean los demás fragmentos que les estaré publicando y que al leer cada palabra puedan recodar a ese abismo que a veces atormenta tanto, y que al igual que yo puedan sentirse identificados; pero sin dudar, les puedo asegurar que no importa cuál o cuán oscuro sea el momento, siempre podremos salir del más desolado abismo. Mis gusanos lo confirman.