Justo en el momento que nacemos, que comenzamos a respirar por nuestra cuenta y no a través del cordón umbilical de nuestra madre, se da un cambio radical. Un sistema que ha estado en un proceso de evolución permanente dentro de la cavidad uterina, termina de activarse y por primera vez tomamos una bocanada de aire que con frecuencia viene seguida de un llanto, aunque no siempre es así.
No quiere esto decir que todo cambio radical va sucedido de lágrimas y llanto, evidentemente que no, pero es importante concientizar que los cambios siempre van a estar presentes en nuestras vidas, incluso cuando no tenemos conciencia real de las cosas que nos rodean, como ese momento en el que nacemos, que no pensamos sino que somos instintos, emociones, expresamos lo que sentimos sin pensar al respecto.
Cuando tenemos esto en mente podríamos decir que todo es más fácil, porque saber que un cambio, aunque sea radical, forma parte de lo natural, sencillamente nos corresponde es aceptarlo, y esto hace que todo sea mucho más fácil de sobrellevar. Al menos para mi es así, espero que para otras personas también lo sea.
Hablo sobre esto porque si hay algo que noto con mucha frecuencia es que las personas tienen grandes resistencias a muchas cosas, sobre todo a lo que implique un cambio. En general no quieren sino hacer siempre lo mismo, es una gran realidad. Cuando una actividad implica un cambio radical en lo que hacen, en sus rutinas, termina siendo una especie de tortura, muchas veces sin asumir lo bueno que eso puede traerles a futuro, sólo se centran en el cambio y en las maneras de no asumirlo.
Pero es así, cuando trabajamos con personas que reúnen esa característica como forma de vida, se hace muy difícil de sobre llevar, pero incluso a uno como jefe le corresponde establecer las herramientas que nos ayuden a tener un mejor desarrollo con estas personas.