Una vida con propósito II

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Esta es la continuación #steemados amigos y amigas:


"No sé si volvió a comenzar, lo que si sé es que esa música se  repetía en mi cabeza una y otra vez y me acompañó por el resto del día..."


Aqui pueden leer la primera parte de esta historia: Una vida con propósito I

 Fuente de la imagen

Una vida con propósito II

Por: Arturo Pérez Arteaga:.

II

“Al día siguiente al llegar del colegio, almorcé y me dispuse a hacer mi tarea muy rápido para desocuparme lo antes posible, al finalizar le pedí a mama que me permitiera ir al hospital, a lo que respondió de forma irónica:

- ¿Acaso tienes algún amigo enfermo? 

- No mami, es que quiero escuchar al violinista.

- Ahhh, ese señor ya no debe estar allá.

- Bueno, si no está volveré muy pronto –mi vieja sonrió ante lo rápido e inteligente de mi respuesta- dale pues, por favor te comportas, recuerda que eso es un hospital y lo que la gente que está allí menos quiere es que les molesten.

- Tranquila mamá, recuerda que ya no soy un niño.

Me besó en la frente como era su costumbre y me dejó ir con una sonrisa.

Recuerdo que camino al hospital me entró mucha ansiedad de sólo pensar lo que había dicho mami, ¿y si el violinista ya no estaba?, ¿por qué fui tan tonto y no le pregunté que día estaría allí otra vez? y ¿si solamente estaba allí por casualidad e hizo como dice el dicho, se fue con su música a otra parte?.

Apuré el paso y llegué corriendo, casi jadeando a la emergencia del hospitalito, como si de verdad tuviese a un familiar enfermo, o peor, como si el enfermo hubiese sido yo. Al entrar a la espera, mi decepción se presentó al hacerse realidad lo que dijo mamá, el violinista no estaba en el rincón donde lo dejé el día anterior.

Me senté para recobrar el aliento luego de la carrera que había dado y bueno, ya estaba casi resignado a no volver a escuchar mas a ese violín mágico y me acababa de hacer la firme propuesta de aprender a ejecutar algún instrumento musical cuando una mano se posó sobre mi hombro y un señor me habló y me dijo:

- Acaso se volvió a poner mala la amiga de tu mamá o tienes a algún otro familiar aquí –era el violinista quien me hablaba, acababa de llegar y estaba allí, violín al hombro-.

- No, nada de eso, vine a escucharle a usted.

- ¿Como es eso?, ¿a mí? Que gran honor eso hijo. Y ¿Cómo sabías que yo estaría aquí hoy?

- No lo sabía, sólo vine a ver si lo encontraba, aprovechando de que vivo muy cerca de aquí.

- Que bueno que viniste, por favor discúlpame la tardanza entonces, pero es que estuve lavando un carro, tu sabes, hay que ganarse la vida y eso me retardó un poco. Le doy gracias a Dios el que me permitiera venir hoy.

- Ahhh usted lava carros entonces, para vivir digo.

- Hago un poco de esto, un poco de aquello, arreglo cosas, incluyendo carros, limpio patios, baño perros y lo que salga. A mi edad no son muchas las oportunidades que se me presentan aunque una vez fui chofer, pintor de brocha gorda, jardinero y hasta caletero.

- Lo siento de verdad.

- ¿Lo sientes? ¿Por qué?

- Porque se ve que usted trabaja mucho y a su edad ya no es muy bueno eso.

- Al contrario hijo, el trabajo dignifica y mientras mas cosas que hacer tengo me siento útil y feliz. Para mi el trabajo es una bendición de Dios y mientras tenga algo que hacer tendré razones importantes para vivir. Además, no hay mejor premio que sentir la satisfacción del deber cumplido ayudando a los demás.

La respuesta del violinista me sorprendió al tener lo que consideré tanta sabiduría, tan diferente a lo que siempre había escuchado entre los adultos, maldiciendo su suerte y el tener que trabajar tanto para poder vivir dignamente y no haber nacido rico como otros, como la gente de la TV por ejemplo.

III

“Ese día como muchos siguientes fueron muy gratificantes para mi, la visita a mi amigo el violinista en el hospitalito fueron tan frecuentes que se hicieron un hábito, manteniendo casi siempre la misma tónica, yo tenía una cantidad enorme de preguntas y él tenía una infinita paciencia y bondad para responderlas todas hasta dejarme satisfecho y para rematar, deleitaba a los presentes, desde luego a quienes les querían escuchar, con un conjunto de ejecuciones de su mágico violín.

Era un libro, mas bien un diccionario abierto, sabía de todo, no había tema que le fuese ajeno, incluso llegué a documentarme en la biblioteca de la escuela sobre temas extraños con el fin de verificar que tanto sabía y siempre me sorprendía con una respuestas adecuada y muy verídica, fallando quizá en algún nombre o en la cita de alguna fecha, pero siempre conocía del tema de forma general o específica dependiendo de lo que se tratara. 

Me hablaba de lo importante de la honestidad y de escuchar a los demás porque en la comunicación efectiva está la base de la paz entre los seres humanos –decía- y fue el primero que me citó al prócer Mexicano Benito Juárez cuando me dijo su frases: "Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz". Me recordaba a cada rato lo importante de la familia y el amor a las personas e incluso, fue de sus labios de donde escuché por primera vez que hay varios tipos de amor y los clasificó, cosa que en su momento me intrigó mucho y me hizo investigar sobre el tema”

- Imagino que ya te estoy aburriendo con tanta pendejada de viejo.

- ¿Que?, aburriendo, al contrario, creo que ni cuando me explicabas las tablas de multiplicar te presté tanta atención, no son pendejadas, al menos para mi, por favor sigue.

- JAJAJAJAJA con razón te costaron tanto las matemáticas, no me parabas bolas.

- Bueno, tampoco así. Papi, ¿y en algún momento te dijo su nombre este señor, el violinista o nunca lo hizo?

- Sí, si lo hizo.

Continuará...

 

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