Desde que abrí los ojos al mundo he vivido en mi país la maravillosa intensidad que le pone la fanaticada del Beisbol Profesional Venezolano a su equipo favorito, y nací y crecí sintiendo la euforia de ser un magallanero. Mi padre primero que nadie, era un fanático adorable, después le seguían primos, tíos y amigos de la casa, era un derroche de emociones ver una final, ganarla, y con la misma salir por toda la ciudad en caravana celebrando el triunfo. Así nació mi fanatismo por el equipo Magallanes, y es una de mis tradiciones más queridas.
¿Qué me gusta de esta tradición deportiva? Que la disfrutamos con respeto, sin ofender al equipo perdedor, que la emoción dura un solo día y al día siguiente todo vuelve a la normalidad, y que ya forma parte de las mejores tradiciones de los venezolanos. Dígame los populares enfrentamientos entre magallaneros y caraquistas, “los eternos rivales” como ya los titularon. Mi ex esposo era caraquista y cuando había una final entre Caracas y Magallanes era todo un acontecimiento en mi casa, todos frente el televisor viendo aquellos juegos que eran para comerse las uñas. Éramos tal cual como los protagonistas de la película “Papita, maní y tostón”, que por cierto es una de mis películas favoritas, y así vivíamos felices con nuestro fanatismo personal, jajaja. Lo más lindo para mí fue que mis dos hijos decidieron ser magallaneros, así que la fanaticada de la nave turca creció.
Hoy con orgullo celebramos el triunfo número 13 de nuestro equipo, “Magallanes”, y estoy muy feliz por eso. A pesar de que soy oriental, del estado Anzoátegui, y muchos me preguntan que por qué no apoyé a los Caribes, ésas son las cosas de la fanaticada, somos fieles hasta el final. ¡¡Felicidades al equipo Magallanes!! Y a toda la fanaticada también.