Hoy es jueves y, como bien dicen por ahí, el cuerpo lo sabe. Es ese día de la semana en el que la nostalgia se permite un espacio en nuestra rutina para dejarnos viajar a través de los píxeles. Me sumo con entusiasmo a la invitación del amigo @lanzjoseg en su estupenda iniciativa “TBT: Una foto, una historia”, porque recordar no es solo volver a vivir, sino también honrar las raíces que nos mantienen en pie, sin importar cuán lejos hayamos volado.
Hay mañanas en las que el pasado nos asalta sin previo aviso. No lo hace con estruendo, sino con la delicadeza de un papel fotográfico que cae en nuestras manos o una imagen que ilumina la pantalla del teléfono. Entonces, el tiempo deja de ser una línea recta para convertirse en un círculo donde el ayer y el hoy se abrazan.
Hoy es jueves de nostalgia, y mi memoria se detiene en Paola.
Hace un tiempo les hablé de ella. Quizás la recuerden: aquella jovencita que, desafiando el sueño y la penumbra, caminaba a las seis de la mañana para tomar la camioneta que la llevaría al liceo. En aquel TBT, Paola era una promesa, un bostezo contenido y una mochila cargada de futuro. Pero el fin de semana pasado, el reloj marcó una hora distinta. Paola cumplió quince años.
Al observar la imagen que hoy les comparto, es inevitable sentir un vuelco. En la parte superior, vemos a la Paola de "érase una vez". Una niña de mirada curiosa y dulce, enmarcada por un flequillo perfecto y un vestido de satén blanco con mangas abullonadas fucsia. Es la imagen de la inocencia pura, de los juegos en el patio y las rodillas raspadas que se curaban con un beso.
Pero justo debajo, la fotografía nos devuelve una realidad distinta, casi mágica. Allí está Paola, ahora mujer. Ataviada con un imponente vestido azul medianoche, con detalles brillantes que emulan un cielo estrellado, nos regala una pose llena de gracia y seguridad. La corona sobre su cabeza no es solo un adorno; es el símbolo de una transición. Ya no es la niña que esperaba el transporte escolar; es la protagonista de su propio destino.
En nuestra cultura venezolana, llegar a los quince años es un rito de paso que hunde sus raíces en una mezcla de antiguas tradiciones europeas —los bailes de debutantes— y rituales de madurez de diversas culturas. Es el momento en que, simbólicamente, la familia presenta a la sociedad a una nueva mujer.
Aunque la distancia no me permitió estar presente, la tecnología me hizo cómplice de su noche. Pude imaginar el vals (Danubio Azul) llenando el salón, ese momento en que su papá (José) guía sus pasos, consciente de que ya no necesita que la lleve de la mano, sino que la acompañe en su vuelo (crisálida). Me cuentan que Paola intercambió de zapatos —del zapato plano al tacón—, símbolo de que ya está lista para caminar por senderos más complejos. No faltaron las risas en la "hora loca" típica de las fiestas en Venezuela, ese estallido de alegría tan nuestro que celebra la vida con cotillón y desenfreno, ni el emotivo brindis por los sueños que apenas comienzan a gestarse.
"De niña a mujer" no es solo el título de una canción o de esta crónica; es el resumen de un suspiro, pues, Paola nos recuerda que el tiempo no pasa en vano, que cada madrugonazo para ir al liceo era un peldaño más en la construcción de esta joven radiante que hoy vemos.
El camino de Paola continúa. Ya no es solo la niña del TBT; es la mujer que, con la misma determinación con la que esperaba la camioneta a las seis de la mañana, ahora se dispone a conquistar el mundo con su nueva luz.
¡Felices quince, Paola! Que la vida te siga tratando con la misma elegancia con la que portas esa corona.
Portada de la iniciativa.
Today is Thursday and, as they say, your body just knows it. It’s that day of the week when nostalgia finds a place in our routine, allowing us to travel through pixels. I’m delighted to accept the invitation from my friend @lanzjoseg to take part in his brilliant initiative [“TBT: A photo, a story”](https://peakd.com/hive -192096/@lanzjoseg/concurso-tbt-una-foto-una-historia-un-dia-de-esos-jueves-9-de-julio), because remembering isn’t just about reliving the past, but also about honouring the roots that keep us grounded, no matter how far we’ve flown.
There are mornings when the past catches us unawares. It doesn’t come crashing in, but with the delicacy of a photograph that falls into our hands or an image that lights up our phone screen. Then, time ceases to be a straight line and becomes a circle where yesterday and today embrace.
Today is a Thursday of nostalgia, and my thoughts turn to Paola.
I told you about her a while ago. Perhaps you remember her: that young girl who, defying sleep and the gloom, would walk at six in the morning to catch the minibus that would take her to school. In that Throwback Thursday post, Paola was full of promise, a stifled yawn and a rucksack brimming with the future. But last weekend, the clock struck a different hour. Paola turned fifteen.
Looking at the picture I’m sharing with you today, it’s impossible not to feel a pang of emotion. At the top, we see the Paola from ‘once upon a time’. A girl with a curious, sweet gaze, framed by perfect fringe and a white satin dress with fuchsia puff sleeves. She’s the very picture of pure innocence, of games in the playground and scraped knees that were soothed with a kiss.
But just below, the photograph reveals a different, almost magical reality. There is Paola, now a young woman. Dressed in a stunning midnight-blue gown, with sparkling details that evoke a starry sky, she strikes a pose full of grace and confidence. The crown on her head is not merely an ornament; it is a symbol of transition. She is no longer the little girl waiting for the school bus; she is the protagonist of her own destiny.
In our Venezuelan culture, turning fifteen is a rite of passage rooted in a blend of ancient European traditions—debutante balls—and coming-of-age rituals from various cultures. It is the moment when, symbolically, the family introduces a new woman to society.
Although the distance meant I couldn’t be there in person, technology made me a part of her evening. I could picture the waltz (The Blue Danube) filling the ballroom, that moment when her dad (José) guides her steps, aware that he no longer needs to hold her hand, but rather to accompany her on her flight (chrysalis). I’m told that Paola changed her shoes—from flats to heels—a symbol that she is now ready to walk along more challenging paths. There was no shortage of laughter during the ‘hora loca’ typical of Venezuelan celebrations, that burst of joy so characteristic of us that celebrates life with party favours and exuberance, nor the emotional toast to the dreams that are only just beginning to take shape.
‘From Girl to Woman’ is not just the title of a song or of this feature; it sums up a sigh, for Paola reminds us that time is not wasted, that every early morning wake-up call to go to school was another step in shaping the radiant young woman we see today.
Paola’s journey continues. She is no longer just the girl from the #TBT post; she is the woman who, with the same determination with which she used to wait for the school bus at six in the morning, is now setting out to conquer the world with her newfound radiance.
Happy fifteenth birthday, Paola! May life continue to treat you with the same grace with which you wear that crown.
Cover of the initiative.