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El dolor
rompe la espesa bruma de las almas,
con su aguda mirada.
Trasluce los eventos y las cosas,
en la niebla del tiempo,
y los destila
en una clara nube de arabescos
y de sombras chinescas.
La noche,
levadura de los sueños,
va duplicando el pan de la locura,
y nos invade.
Las miradas inertes,
vagando en otros mundos,
traen noticias desde un futuro que está allí,
mirándonos,
esperándonos,
llamándonos…
La bestia
mata, por amor,
la luz de la demencia,
y nos deja
perdidos,
genuflectos,
desnudos,
ante la majestad del arcoíris